Ideal

Juana, Vicky y 4.200 jornaleras menos

Juana, a la derecha, y Vicky en una explotación olivarera situada en Albuñuelas.
Juana, a la derecha, y Vicky en una explotación olivarera situada en Albuñuelas. / JORGE PASTOR
  • «¿Quién dice que no podamos manejar las máquinas en el campo igual que los hombres?»

Allí arriba, en la Loma de Albuñuelas, hacía frío aquella mañana de noviembre. Viento del norte. Del que cura los jamones y las ilusiones. También las aceitunas, aún demasiado verdes. Sí, las aceitunas porque allí, en la Sierra de Albuñuelas, en el Valle del Lecrín, viven de los olivos. Como Juana y Vicky, jornaleras sin jornal. Como las 4.230 granadinas que, según las estadísticas del Servicio Público de Empleo y de la Seguridad Social, han dejado de trabajar en la agricultura en los últimos cinco años. No hay ocupación para ellas porque, en teoría, se impone la tecnología y porque, a pesar de esa entelequia llamada recuperación, sigue habiendo un 'exceso' de mano de obra que las relega a un segundo plano frente a los hombres. Una situación denunciada reiteradamente por las organizaciones sindicales y también por algunos partidos políticos, pero que tiene nombres como el de Juana (44 años) y el de Vicky (32 años). Cuñadas, confidentes y con todas las ganas del mundo de remangarse para recolectar olivas o lo que se ponga por delante.

Juana empezó en el campo con tan sólo catorce años. Opina que «éste es el peor momento para el empleo femenino en los pueblos». Una coyuntura que, llegada la campaña olivarera, le obliga a marcharse hasta Valdepeñas de Jaén para ganarse el sustento y sumar las treinta y cinco jornadas que luego le darán derecho a cobrar el 'seguro' (420 euros mensuales durante seis meses). Ingresos que soportan la renta de los hogares temporeros, pero también la economía de esas decenas de municipios de Granada dependientes de los olivos. Y para allá que se va Juana. A Valdepeñas. Sola. Un par de meses. «Porque en Albuñuelas no hay nada», lamenta.

«Antes llamaban a las familias completas, ahora a dos miembros como mucho y normalmente varones; no miran la antigüedad o si te hacen falta las peonadas», afirma. Juana lo tiene claro. Detrás de la postergación de las trabajadoras agrarias está el pretexto de la mecanización. «Ahora hay sopladoras y quads para mover los fardos, pero ¿quién dice que nosotras no podamos manejar esas máquinas vibradoras o conducir el tractor en las mismas condiciones y con la misma eficacia», se pregunta y se responde.

El factor cultural

Vicky, que asiente a todo lo que dice Juana, agrega que también existe un componente cultural. Una norma no escrita -e injusta- que reza 'antes ellos que ellas'. ¿Por qué? Porque sí. Porque siempre ha sido así. «Y lo más preocupante es que hay muchas mujeres que también lo piensan porque es la cultura que han recibido», comenta Vicky, licenciada en Pedagogía y con un postgrado en Enseñanza Educativa. «A mí me gustaría ejercer en lo mío, pero si hay que hacerlo en otra cosa, no tengo ningún problema». Vicky considera que muchas veces los agricultores no son conscientes si contratan a hombres o mujeres, una responsabilidad que, según apunta, corresponde más bien a los encargados. «Pero sí sería importante una mayor intervención de las administraciones públicas para buscar soluciones», refiere.

Pedro Javier Redondo, responsable del Sector Agroalimentario del Sindicato de Industria de Comisiones Obreras, manifiesta que, en efecto, el proceso de mecanización avanza a pasos agigantados en el agro de Granada, con todas las consecuencia que ello acarrea sobre el mercado laboral. Y lamenta que, desgraciadamente, la mujer siga ocupando roles como el cuidado de la casa y los niños en los ámbitos rurales. «Si se plantea una reducción de jornada o la necesidad de prescindir de alguien, ellas son las perjudicadas», asegura Redondo, quien aclara que el convenio colectivo recoge la absoluta igualdad por razón de sexo y la equiparación en todos los sentidos.

«En la aceituna siempre han desempeñado labores auxiliares como la recolecta en el suelo o el manejo de los mantones, funciones de las que también están siendo relegadas», denuncia este representante de CCOO en Granada. «En las cuadrillas tradicionales sí que las meten, pero en las profesionales, que van destajo y que cierran un precio por toda la finca, se están quedando fuera», apostilla. Pedro Javier Redondo también puntualiza que no existe una relación causa efecto entre alcanzar los treinta y cinco días y percibir el subsidio. «Hay gente que no puede pagar todos los meses los cerca de noventa euros que importa el sello en el Régimen Especial Agrario».

Por último, Pedro Javier Redondo apunta que, a tenor de los cálculos que realizan las organizaciones agrarias, la producción oleícola en Granada será más baja que en la campaña anterior, lo que tendrá una incidencia negativa en la oferta de trabajo. CCOO pide también que se revise si existe una correspondencia entre los volúmenes de cosecha y los jornales que realmente se comunican, «a fin de detectar posibles bolsas de fraude».