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Alumnos en prácticas del Centro Albayzín restaurarán la iglesia de Íllora

Los andamios colocados en la puerta de San Pedro de la iglesia de Íllora. / RAFA PRADOS
  • La plataforma vecinal que lucha por salvar el monumento financiará los gastos de material y desplazamiento

Si no es porque ya están viendo los andamios colocados, muchos de los ilurquenses no lo creerían. Las anheladas obras de restauración de la iglesia de la Encarnación, una joya renacentista ideada por el arquitecto Diego de Siloé en el siglo XVI, ya están en marcha. Apenas un par de meses después de que comenzara el proyecto de emergencia para arreglar la torre, que se caía a pedazos, la Plataforma Pro Restauración de la Iglesia de Íllora ha conseguido un nuevo hito con el inicio de la rehabilitación de las portadas.

Para pagar las obras de la torre, la propia parroquia ha pedido un préstamo de 132.000 euros, con el aval del Arzobispado, mientras que el Ayuntamiento de Íllora ha aportado otros 100.000 euros. Ahora, esta siguiente fase de los trabajos los podrá financiar la propia plataforma vecinal gracias a la inestimable colaboración de la Junta de Andalucía, que ha propiciado un convenio para que sean los alumnos en prácticas del Centro Albayzín los que se encarguen de los trabajos de restauración del monumento.

La Junta subvenciona así los trabajos mientras que la plataforma se hará cargo de los materiales y el desplazamiento de los alumnos. Gracias a este acuerdo, la restauración de la portada de San Pedro de la Iglesia ya está en marcha.

«Esta es la primera obra financiada íntegramente con los fondos que desde hace ya más de un año han ido aportando a la plataforma los vecinos concienciados con la necesidad de restaurar nuestra iglesia. Está siendo mucho el esfuerzo, el tiempo, trabajo y dedicación, pero es sin duda el espíritu de la Plataforma, cargado de ilusión y de esperanza, el que ha hecho posible que este nuestro primer proyecto haya visto la luz», explicaba feliz el presidente de la Plataforma Francisco Javier García Pérez. En poco más de un año han logrado lo impensable –de la torre y las fachadas ya no se caerán más piedras–, pero los vecinos lo tienen claro: no van a parar hasta salvar todo el monumento.