«No vi el problema de adicción hasta que me sacó el cuchillo por quitarle el móvil»

«No vi el problema de adicción hasta que me sacó el cuchillo por quitarle el móvil»

La madre de un menor adicto a los videojuegos asegura que hay que ser valientes para reconocer el problema y buscar soluciones

J. PASTORGRANADA

Detrás de las estadísticas de ludopatía hay caras. Hay nombres y apellidos. Hay preocupación. También hay sufrimiento. Es el caso de Angustias. Su hijo, de quince años, le sacó un cuchillo después de quitarle el móvil. Estaba enganchado a un juego de fútbol. Fue hace seis meses. Fue también el momento en que Angustias se dio cuenta de que el chaval tenía una grave de dependencia que requería de tratamiento por parte de personal especializado. Entonces fue cuando, buscando recursos a través de Internet y organismos oficiales, terminó acudiendo a la Asociación Granadina de Jugadores de Azar en Rehabilitación (Agrajer).

«Estaba en su cuarto y de vez en cuando escuchaba fuertes golpes; lanzaba el teléfono contra el suelo o la pared cuando le habían metido un gol», explica Angustias, quien agrega que su crío, con discapacidad intelectual y con otras patologías como epilepsia, competía unas veces contra la máquinas, contra una aplicación que tenía instalada en el celular, pero también contra rivales con los que conectaba a través de Internet. Durante varios meses le vinieron facturas de más de trescientos euros por descargarse servicios de pago.

Pero Angustias empezó a sentir antes las señales de alarma. Se dio cuenta de que por sus propios medios, poniendo castigos o marcando horarios, no lograba nada. Era incapaz de normalizar la vida de Pedro (nombre ficticio). Entonces, superada por las circunstancias, dio el paso acertado de acudir hasta Agrajer, donde no hay listas de espera. Empezó la terapia hace cuatro meses. «Avanzamos poco a poco; ya no se producen los arrebatos», comenta Angustias, quien añade que ella misma y toda la familia también han tenido que aprender a vivir con esta situación.

Angustias es consciente de que su experiencia puede ayudar a progenitores que estén en circunstancias similares. «Tenemos que tener más control sobre los críos», reconoce. «Todos estamos superocupados y todo nos pesa y nos estresa, y lo más sencillo para evadirse es dejarles con el móvil», refiere. «No somos sus colegas, somos sus padres», afirma. «Hay que ser valientes para reconocer que estamos ante un problema y hay que buscar soluciones». Respecto a las nuevas adicciones relacionadas con el juego, Angustias lamenta la permisividad social.

Protocolo

Marta López, psicóloga de Agrajer, dice que a la hora de abordar estos casos la primera sesión se hace con los padres para conocer la historia de los menores, sus relaciones sociales, comprobar si hay trastornos psicológicos y situaciones que han podido desencadenar la ludopatía. Después la atención se centra en el paciente, evitando las imposiciones en la medida de lo posible y buscando acuerdos para avanzar. «Que se involucre en su tratamiento». Después llega la labor fundamental del trabajador social, que trabaja con todo el ámbito familiar.

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