Tres años más de prisión para un recluso que traficó con medicamentos en la cárcel

Tres años más de prisión para un recluso que traficó con medicamentos en la cárcel

Cuando registraron su celda, en la prisión de Albolote, se le encontraron medio centenar de ansiolíticos | El recluso tendrá que pasar 3 años más entre rejas porque se dedicaba a traficar con tranquilizantes en el interior de la cárcel

Yenalia Huertas
YENALIA HUERTASGranada

Cuando uno está entre rejas es, o bien porque te han condenado por cometer un delito, o bien porque un juez ha considerado que debes esperar el juicio encerrado. En el caso de Samuel (nombre ficticio) no se sabe por qué estaba preso en el Centro Penitenciario de Albolote, pero sí por lo que seguirá estándolo otros tres años. Samuel tenía una especie de farmacia clandestina en su celda y se quedará una temporada más interno por traficar con ansiolíticos dentro del penal.

Así se desprende de una sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Granada que, no obstante, rebaja en seis meses de prisión la pena que acordó imponerle un juzgado de lo Penal. En la resolución de la Audiencia, fechada el 14 de noviembre y a la que ha tenido acceso IDEAL, el tribunal de la Sección Segunda acepta el relato de hechos que efectuó el referido juzgado.

Este consideró probado que Samuel, el 14 de julio de 2016, se hallaba en el Centro Penitenciario de Albolote, donde cumplía condena «por diversos delitos» y, tras practicarse «un registro en su celda», donde estaba solo, le fueron encontradas unas cincuenta pastillas.

Los funcionarios tenían «noticias» de que el reo traficaba; no fue un registro rudimentario

Exactamente, los funcionarios del presidio le intervinieron 32 pastillas de Tranquimazin, con un peso de 10,06 gramos; 17 comprimidos de Diazepam, con un peso de 1,76 gramos; y 2 unidades de Tranxilium, con un peso de 0,33 gramos. Todos estos medicamentos los tenía «en parte» destinados «a su distribución a terceros» y su valor total era de unos 212 euros.

El recluso negaba ser un traficante de ansiolíticos y, no conforme con las conclusiones a las que había llegado el juez, recurrió su castigo ante la Audiencia, que lo ha estimado en parte. El tribunal ratifica los hechos probados, que integran un delito contra la salud pública, pero corrige la extensión de la pena de 3 años y medio que se le impuso. La deja en tres años y un día. Además, el reo deberá pagar una multa de 425 euros.

En sus alegaciones exculpatorias, la defensa del preso, que consideraba vulnerado su derecho a la presunción de inocencia, aseguraba que los medicamentos eran para él. Aseveraba que «debido a un cuadro de ansiedad le fueron prescritos un conjunto de ansiolíticos y que si bien le fue retirado [el tratamiento] pasado un tiempo, le provocó una cierta adicción a los mismos, de ahí la tenencia de las pastillas intervenidas».

La vida tras los barrotes

Las pastillas halladas en su celda, según añadía su abogado, eran «medicamentos para dormir que hacen más fácil la vida en el centro penitenciario». Insistía así en que su cliente poseía aquellos comprimidos «para el autoconsumo», sin que a su juicio constase ningún otro indicio del que permita deducirse que las tenía para destinarlas a otros internos.

«Conviene no olvidar (...) que el registro en la celda del interno se produce por tener noticias los funcionarios del centro penitenciario de que el mismo traficara con pastillas dentro del centro, por lo que no se produce durante un registro rudimentario», puntualizan los magistrados de Plaza Nueva que han resuelto el recurso de apelación que interpuso el abogado del preso contra su condena.

Cantidad excesiva

Para el tribunal la cantidad de pastillas que el reo almacenaba era «excesiva para el autoconsumo». por eso concluye que las sustancias intervenidas estaban «destinadas al tráfico ilícito y no al consumo personal del acusado». Y no solamente por la variedad de sustancias aprehendidas (benzodiacepina, diazepam, clorazetato...) sino por su distribución «en múltiples comprimidos» y, además, en una cantidad que «excede considerablemente de la que racionalmente puede considerarse aplicada al autoconsumo».

En este punto, sobre la supuesta dependencia de este interno de la cárcel de Albolote a los medicamentos para poder conciliar el sueño, la resolución resalta que «su adicción, de tenerla, podía haber sido paliada con el correspondiente tratamiento por el servicio médico penitenciario».

Así las cosas, ahora, el recluso Samuel tendrá que afrontar una nueva dosis... pero de castigo.

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