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CAMINAMOS del futuro al pasado. Los más sorprendentes descubrimientos contemporáneos tuvieron lugar hace miles de años. ¿Si no, cómo se entiende que nuestros antepasados supieran lo que la ciencia descubre ahora?
Hubo un hombre que dijo 'bienaventurados los humildes'. Ahora sabemos que las estrellas más ínfimas, como el Sol, no desaparecerán nunca. Como mucho, consumirán su combustible y reducirán el tamaño. Pero las estrellas gigantescas colapsarán, convirtiéndose en algo mucho más pequeño que el puntito de una i. Lo diminuto permanece; lo grande se derrenga.
Hubo otros tiempos en que se hablaba de que el amor era más poderoso que la muerte. Y ahora se descubre algo insólito: dos átomos que pasan por un mismo cristal permanecen vinculados para siempre, aunque estén separados cientos de kilómetros. Y la vinculación no puede ser destruida. Si esto pasa con los átomos, ¿qué no será con las personas?
La materia, las cosas, cuanto nos rodea permanece enlazado a nuestros pensamientos, a lo que sentimos, a lo que hacemos. Por eso es posible entrar en una casa y sentir el espíritu que la anima. O coger un libro y llenarse de cuantos lectores han transitado sus páginas. Todo permanece. Nada se destruye.
Los científicos nos traen lo que ya teníamos. Antes se creía en el mal de ojo. Ahora sabemos que somos lo que creemos y que, si alguien cree que va a morir, muere. Hasta el punto de que se considera que muchos médicos pronuncian sentencias de muerte cuando desahucian a un paciente. De la misma forma que quien era maldecido por el brujo moría a los pocos días, muere hoy el hombre sano al que los médicos condenan.
Así que somos posiblemente más salvajes que los salvajes a quienes pensábamos haber superado. Aquellos hombres creían en los dioses. Decían de ellos que eran eternos, infinitos, indestructibles y ubicuos. Nosotros creemos en la energía y decimos de ella que es eterna, infinita, indestructible y ubicua. Un dios podía estar en dos partes a la vez. Una partícula puede estar en dos partes a la vez. Un dios era increado. Las partículas son increadas, surgen del vacío. Los dioses invertían las leyes. El mundo subatómico invierte las leyes.
La idea de progreso se está tambaleando. ¿Y si ahora resulta que vamos del futuro al pasado? En el mundo cuántico, eso es posible. Hasta parece factible entrar y salir a voluntad de unos agujeros negros a los que llaman 'singularidad desnuda', según el último número del Scientific American.
En el mundo, muchos políticos, líderes, empresarios e intelectuales se acercan al nuevo paradigma. No creen tanto en el progreso como en la física subatómica o en la sabiduría perenne. Y es que ya no se puede hacer política al viejo modo. España naturalmente va a la zaga. Tenemos los líderes más demodés de la Tierra. Zapatero tiene mentalidad de PNN de los años 70. El espíritu de Rajoy es el de un opositor empollón también de los años 70. Mientras la ciencia nos conduce al pasado, ellos siguen empeñados en llevarnos al futuro.
Si supieran algo de física o de nuestros ancestros, actuarían de otro modo. Pero son científica e históricamente ignorantes. Por eso proyectan un mundo mostrenco y periclitado. Un futuro de opereta.
El mundo va hacia lo primigenio mientras Zapatero y Rajoy caminan hacia lo manido. ¡Hace décadas que el porvenir que proyectan ha caducado!

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