LOS votantes de derechas ven las cosas más sombrías que los de izquierdas. Lo dice un estudio de la universidad de Florida del Norte. A 740 universitarios se les han mostrado 12 rostros con expresiones ambiguas que podían indicar lo mismo ira que sorpresa. Quienes se identificaron como republicanos se decantaron más por la ira, mientras los demócratas optaron mayoritariamente por la sorpresa.
¿Sucede lo mismo con los españoles? Habría que verlo. Pero si hablamos del comportamiento de los partidos, los esquemas se funden. El que está en la oposición es siempre más pesimista que el que gobierna. En el parlamento, es más pesimista el PP que el PSOE. En la comunidad de Madrid, es más pesimista el PSOE que el PP. Y siempre es más pesimista que ambos IU. Lo cual nos lleva a inferir que, al menos en política, no existen derechas ni izquierdas, sino intereses. Cuando el poder baraja mis intereses, soy optimista. Cuando no es así, soy pesimista. Si no tengo esperanza alguna, puedo ser incluso apocalíptico. Es decir, que cuanto más agorero es un político, más probable es que no toque ni vaya a tocar poder jamás. Por el contrario, cuanto más dichoso, feliz y conforme se muestra, más estará instalado en la cima de los engranajes públicos. De ahí que Zapatero parezca el Cándido de Voltaire. Y que Rajoy sea primo hermano de Jeremías.
¿Existe el político que vaya más allá de esta simplificación? En privado, conozco a alguno. Pero, en público, no lo manifiesta. ¡Los votantes se le echarían encima! Así que probablemente el estudio americano se adecua a los españoles.
¿Será capaz Obama de romper este maniqueísmo? Es más inteligente que muchos políticos. Ha sabido rodearse de adversarios. Pero lo ha hecho porque cree que así los neutraliza.¿Qué ocurriría si alguno de ellos se le desmandara? Pues que sería inmediatamente fulminado.
Mientras vivamos en una civilización dualista, siempre habrá republicanos y demócratas, izquierdas y derechas, buenos y malos. Pienso, sin embargo, que el siglo XXI debería sobrepasar semejante puerilidad. Hay ideas y comportamientos que son renovadores y otros antidiluvianos. Pero ambos se mezclan y no tienen que ver con derechas ni izquierdas. Ocurre que las izquierdas se comportan a veces de manera integrista, y las derechas, solidaria.
En España, tanto la derecha como la izquierda son bastante retrógradas. Por eso, pese a las apariencias de progresismo, vivimos en un país conservador, donde las ideas nuevas no triunfan jamás por sí mismas si antes no han triunfado en las dos terceras partes del mundo. Un país que no sabe crear ni reconocer ni amparar lo nuevo. Un país que, para elaborar cualquier ley o hacer un movimiento, no mira antes a lo razonable, sino a lo extranjero. Vamos, que si a alguno de nuestros políticos le dieran a interpretar los rostros del experimento de Florida, jamás concluiría nada si antes no ha preguntado cómo los han visto en Nueva York, París o Estocolmo.
Los españoles no creen en sus propias ideas. Cuando hay algo delirante o estúpido y se queja alguien, siempre sale el político de turno que dice "¡En Alemania es así!". Y el respetable se calla. ¡Si en Alemania es así, entonces...!
En fin, que se podría hacer la encuesta de Florida en España. Porque se ha hecho en Estados Unidos, ¿no? ¡Hasta podría darse el milagro de que derechas e izquierdas interpretaran los rostros de la misma forma! Porque España es diferente. Aquí somos como Vicente. Vamos a donde va la gente.