La infamia, la injuria duelen. Durante aquellos años fuimos testigos de la mala relación entre algunos profesores del Departamento de Lengua y Literatura (pero nunca en las clases de García Montero). Estupefactos, dejábamos pasar la clase oyendo opiniones sobre la vida privada de algunos profesores, opiniones sin ningún rigor filológico sobre distintos escritores Y no hicimos nada.
Tuvimos al profesor Fortes el último año. Vino a sustituir al profesor que nos habían asignado, el cual estaba de baja. De Fortes no recuerdo haber aprendido nada de lo que venía en el programa, salvo su opinión ofensiva sobre autores contemporáneos. Y no hicimos nada. En clase de Lengua otro profesor nos informó del motivo de la baja médica del profesor de Literatura Hispanoamericana al que vino a 'sustituir' Fortes, mofándose de dicha enfermedad y asegurando que todo era una farsa. ¿Y aquello era dar clase? Era un despropósito. Luego las críticas hacia la persona del profesor García Montero llenaron de artículos este periódico. Y siempre la sospecha, la difamación sobre él. En mi opinión, la más cruel la que se le relaciona con la muerte de su amigo Javier Egea, a quien tuve el honor de conocer y a quien Luis quiso y ayudó tanto. Me he imaginado hoy a Javier Egea, exquisito poeta, excelente persona, con esa media sonrisa suya, la sonrisa más triste por el amigo que hoy sufre y que se va de las aulas.
Al profesor García Montero quiero decirle gracias, maestro.





