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Sr. Director de IDEAL: Como alumna que fui (Filología Hispánica, Promoción 1989-1994) puedo hablar de los profesores que tuve con la perspectiva que da el tiempo. Luis García Montero fue uno de los más rigurosos, honestos y trabajadores que tuvimos. Fue una suerte porque nos abrió una nueva ventana al mundo, a un mundo donde las verdades absolutas no existían y donde se aprendía Literatura y se opinaba con entera libertad de los textos. Aquello era aprender. Puntual, creo que nunca faltó a clase, preparaba a conciencia sus clases, mientras terminaba un nuevo libro de poemas ('Las flores del frío') o un ensayo. Incansable por el entusiasmo, su truco consistía en robarle horas al sueño. Recuerdo el aula llena a las cuatro de la tarde, siempre, y el poema que nos leía al final para acercarnos a un poeta desconocido entonces para nosotros. No nos imponía bibliografía pues respetaba el enfoque que cada alumno le daba al comentario, por ejemplo. Ahora soy profesora y cuando explico el grupo poético al que pertenece me vuelve siempre ese sentimiento de honestidad del buen profesor y la personalidad de su poesía. Luis García Montero se ha ido haciendo grande a base de trabajar en lo que le gusta y de repasar un verso mil veces en su cabeza, como él mismo ha escrito. Su nombre cruza ya las fronteras de España. Y eso los mediocres no lo perdonan.

La infamia, la injuria duelen. Durante aquellos años fuimos testigos de la mala relación entre algunos profesores del Departamento de Lengua y Literatura (pero nunca en las clases de García Montero). Estupefactos, dejábamos pasar la clase oyendo opiniones sobre la vida privada de algunos profesores, opiniones sin ningún rigor filológico sobre distintos escritores Y no hicimos nada.

Tuvimos al profesor Fortes el último año. Vino a sustituir al profesor que nos habían asignado, el cual estaba de baja. De Fortes no recuerdo haber aprendido nada de lo que venía en el programa, salvo su opinión ofensiva sobre autores contemporáneos. Y no hicimos nada. En clase de Lengua otro profesor nos informó del motivo de la baja médica del profesor de Literatura Hispanoamericana al que vino a 'sustituir' Fortes, mofándose de dicha enfermedad y asegurando que todo era una farsa. ¿Y aquello era dar clase? Era un despropósito. Luego las críticas hacia la persona del profesor García Montero llenaron de artículos este periódico. Y siempre la sospecha, la difamación sobre él. En mi opinión, la más cruel la que se le relaciona con la muerte de su amigo Javier Egea, a quien tuve el honor de conocer y a quien Luis quiso y ayudó tanto. Me he imaginado hoy a Javier Egea, exquisito poeta, excelente persona, con esa media sonrisa suya, la sonrisa más triste por el amigo que hoy sufre y que se va de las aulas.

Al profesor García Montero quiero decirle gracias, maestro.

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