Son esas personas con cabello blanco o sin cabello, de «paso lento de ahora que corrieron tanto por la vida», como dice la canción.
Las personas que hoy tienen setenta, ochenta, noventa o más años han compartido la vivencia de un destino ominoso: pertenecen a esa generación a la que la vida les regaló una guerra infame, la peor de las guerras, la guerra entre hermanos.
La generación de nuestros mayores conoció las miserias de una cruel posguerra. Nuestros mayores de hoy han sabido lo que es el hambre, la escasez, las cartillas de racionamiento, han sabido, sobre todo, lo que es el miedo.
Pero esos mismos Mayores, con mayúscula, nos han brindado a la postre lo que somos hoy día, acreedores del disfrute de un Estado del Bienestar.
Disfrutamos de todo aquello de lo que nuestros padres y abuelos carecieron, tenemos por tanto para con ellos una deuda, una 'deuda de amor'.
Es de bien nacidos, recordar en el 'Día del mayor' que podemos y debemos corresponder.
Y podemos corresponder desde lo pequeño hasta lo más grande: cuando escuchamos con paciencia y detenemos nuestras ajetreadas vidas para acompañarles, cuando somos comprensivos con nuestros mayores, estamos pagando una importantísima deuda.
Cuando contribuimos a mitigar la lacra de la soledad a la que la urgencia de nuestros innumerables quehaceres les tiene postergados, estamos retribuyendo una deuda de amor.
Institucionalmente también estamos saldando esa deuda con la atención a las personas dependientes, es decir, el treinta y dos por ciento de nuestros mayores.
La conocida como Ley de la Dependencia, es una forma de institucionalizar la dignidad que se merecen todos nuestros mayores, entre otras cosas, porque ellos nos cuidaron, mimaron y alimentaron cuando éramos niños.
Por eso la dependencia no puede ser jamás una herramienta de confrontación, jamás.
La dignidad que esta ley reconoce y eleva a rango de derecho subjetivo, la dignidad y el amor no admiten más sentimientos que la colaboración sincera por quienes se merecen lo mejor porque brindaron lo mejor de sí.
Cualquier otra lectura, otra interpretación sería faltar al respeto debido a nuestros mayores.
Los mayores de 65 o más años son un grupo de edad que está creciendo en la pirámide de población o distribución por edades en la estructura poblacional; la baja tasa de natalidad y la mejora de la calidad y de la esperanza de vida son las causas principales de este hecho.
Para los países como el nuestro en los que las personas mayores gozan de un mejor estándar, están siendo una especial preocupación para el Estado y tienen acceso a mejores pensiones, garantías de salud y otros nuevos derechos y debemos convencernos que la edad no es motivo para dejar una actividad, de voluntariado, de autoayuda, de asesoría, actividades que llenen de plenitud y que les permitan sentirse útiles, actividades donde se estimule la experiencia, la capacidad y la creatividad, algo que tienen en abundancia.
Porque son ricos en vivencias para pintar un futuro mejor. Porque son sabios y se han forjado en la escuela de la vida.
Por eso, en el 'Día del mayor', el mayor de los respetos por quienes lo dieron todo. En este día, hemos de saldar todos una deuda, la mayor de las deudas, una deuda de amor.





