QUEDA claro, por lo tanto, que después del Congreso del PSOE, España y los españoles, y no digamos los catalanes y los vascos, han normalizado su pulso cardíaco, recuperando su progresiva velocidad de crucero, lo cual nos permite alentar las más halagüeñas perspectivas no sólo por lo que se refiere a la situación sociopolítica, económica y cultural, además de sanitaria, sino con vistas a la actuación de nuestros intrépidos atletas en las próximas Olimpiadas de La China, (no confundir con La Chana) donde cosecharemos las medallas de oro a espuertas, dejando las de plata y la de cobre para el resto de los países. Seamos generosos. Si a todo ello le añadimos que lo más seguro es que el ganador de la vuelta ciclista a Francia, este año sea un español, con la Eurocopa de fútbol ya en el talego, y la gesta épica de Rafa Nadal cepillándose al campeón del mundo, pues qué quieres que te diga. El delirio.
Por si fuera poco, lo del ojo, y lo llevaba en la mano, la reelección de Manuel Chaves, aquí en Andalucía, como resultado del XI Congreso Regional del PSOE, celebrado en Granada durante lo últimos tres días, (véase la primera página de este mismo periódico) ratifica y consolida la excelente, yo diría que inmejorable, situación en la que nos encontramos con vistas al porvenir inmediato, de medio y largo plazo. Todo nos hace suponer que Manuel Chaves, igual que Zapatero, habrá sido reelegido por un abrumador tanteo de noventa y tantos a cero. Sin trampa ni cartón. Ni «a la búlgara». Ni gaitas destempladas. Manolo es grande y misericordioso. Y Zarrías, su profeta.
NO quiero despedirme de mis pocos pero excelentes lectores, a la hora de tomarme las merecidas vacaciones que todos los españoles, desde la Familia Real hasta el último paisano que se haya apuntado al paro, disfrutamos (unos más que otros, eso sí), sin referirme, no sé si en serio o de pitorreo, a la reciente reunión celebrada por los líderes mundiales de G8, entre los cuales, por el momento e inexplicablemente, no figura Zapatero, y en la que trataron, en extenuantes jornadas de trabajo, sobre los gravísimos problemas que provoca el hambre y la miseria en gran parte del mundo. Los super mandamases planetarios, o sea George W. Bush, Ángela Merkel, Gordon Brown, Silvio Berlusconi, Stephen Harper, Nicolas Sarkozy, Yasuo Fakuda y Dimitri Medvedv, con sus respectivas parejas, clausuran la cumbre con una cena en la que el plato del día, o de la noche, en plan menú turístico, se componía de lo siguiente. Y hagan ustedes el favor de tomar nota: l. Entrantes: maíz relleno de caviar. Salmón ahumado y erizo de mar. Tartaletas de cebolla. Bulbos de azucenas y ajedrea. 2. Primer plato: ternera de Kyoto bañada en algas y condimentada con espárragos y salsa de sésamo. Tacos de atún con aguacate, salsa de soja y shiso (hierba japonesa). Sopa de almejas, congrio con azucenas y vinagreta de soja. Langostinos. Rollitos de angula a la plancha envueltos en bardana. Boniatos. Gobio frito en aceite de soja. 3. Entreplato: sopa de mariscos. 4. Segundo plato: pescado del Pacífico a la plancha con vinagreta de pimienta. 5. Tercer plato: cordero lechal con hierbas aromáticas, trufas negras y salsa de piñones. 6.Postre: tabla de quesos con miel de lavanda y frutos secos. Degustación 'Fantasía G8'. 6. Café y dulces rellenos de frutas. Los vinos no aparecen, pero ya se pueden ustedes imaginar. Yo les juro por la gloria de todos mis difuntos que este menú no me lo he inventado. Que se trata, realmente, del repertorio gastronómico que se zamparon esta partida de (califique cada cual a su gusto) reunidos para resolver los problemas del hambre en el mundo que ellos gobiernan a su antojo. Por cierto, Rodríguez Zapatero, a propósito de este frugal ágape de trabajo, ha manifestado que para él con un par de platos ya es suficiente. Ya veremos lo que opina cuando forme parte de tan selecto club de gente poderosa y exquisita, pero menos. Oiga usted, y la gente, los pueblos soberanos, las multitudes continúan votándoles, eligiéndolos y manteniéndolos en el poder, en vez de correrlos a gorrazos, que es lo menos que se merecen. Y adivina, adivinanza, ¿quién paga los lujos, y todas las desmesuras de estos fulanos y sus familias? Nosotros. Los inermes contribuyentes.
POR mi parte, y cerramos hasta septiembre, considero que se trata, refiriéndonos al menú de marras, además de una monstruosidad de lesa humanidad, también de una chulería, de una fanfarronada propia de nuevos ricos. Yo lo hubiera completado con un par de huevos fritos, con ajos y patatas a la paja. Y piononos a discreción. Estos tíos, aparte de unos desalmados son unos catetos. Con su pan se lo coman.





