Por desgracia, todo a nuestro alrededor está fabricado para satisfacer la mente y, por tanto, rezuma una apesadumbrada perversión. Lo oficial es así. Donde no late el corazón, las cosas constituyen un mecanismo malvado, que ignora a las personas, las manipula y avasalla. No hay organismo de la Administración que no despida un tufo a insensibilidad, estulticia y error. Y es que la mente siempre se equivoca. Como es dual (o blanco o negro, o del Madrid o del Barcelona), prima algo en detrimento de otro algo.
Me propuse que nunca haría nada por obligación, sino por devoción. Resulta comprensible que haya chocado con los seguidores de la mente. A ellos he opuesto el arrebato, el misterio y la aventura. Pero la mente es soberbia. Sus esbirros tienen declarada la guerra contra los partidarios del corazón. Buscan atarlos con hueras disposiciones, con circulares, con normas, con legajos. Y así la mente ha creado consejos, órganos, tribunales contra quienes entienden que la vida es una celebración y que donde no hay energía ni savia ni audacia ni vértigo no se puede vivir.
¿Pero si todo en nosotros canta lo que somos! ¿Para qué tantos papeles, tanta oficina, tanto burócrata? Las normas a seguir deberían ser las de aquellos que han trascendido lo mental, las de algunos poetas, visionarios, filósofos, novelistas y pensadores. Desde luego, son mis normas. Sé que el mundo no puede perdonarlo. Pero cuando uno ha decidido que jamás se uncirá al pensamiento estéril, el camino está trazado. Eso sí, es como ir por una cuerda floja. Y resulta milagroso comprobar que, aunque la voltean una y otra vez y hasta con saña para que te caigas, tú sigues ahí, haciendo equilibrios, a punto de estrellarte, pero sin estrellarte.
Aquí está la sorpresa: el corazón no cae nunca. La mente, sin embargo, flaquea al menor soplo de aire, se despeña, se hace trizas. Estamos hartos de ver cómo los burócratas sustentan hoy una cosa y mañana otra. Cómo hoy son tus amigos y mañana te hunden un puñal. Cómo hoy te vituperan y mañana te ensalzan. Pero el corazón es siempre idéntico. Rebosa verdad. Una verdad que no se puede decir con palabras. Una verdad que no puede ser pisoteada, aunque te lleven al paredón. Si te disparan, sólo matan tu mente, pero el corazón queda intacto. Eliminan el cuerpo, pero algo se desborda y sigue cabalgando. Así cabalgaron los corazones de Jesús, de Luther King, de Gandhi, de Che Guevara El corazón manda. Siempre.





