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No hagas nada

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¿NO hagas nada!, te digo. Y no me haces caso. Comprendo que es difícil. Creemos que la vida es hacer cosas. Que cada minuto debe ser aprovechado. Y ahí estamos, aunque sea viendo la televisión, o con la música puesta, o tomando un copa, o hablando con el móvil, pero siempre haciendo algo.

No hagas nada. En un experimento, se acostumbró a las ratas a cavar para encontrar comida. Luego se quitó la comida, pero las ratas siguieron cavando y cavando hasta morir de extenuación. Somos como esas ratas: nos han dicho que el tiempo es oro y, aunque el oro desaparezca, seguimos cavando. Y de esta forma el tiempo se nos va como el agua sucia por los sumideros.

No seas como las ratas. Aunque todo indica que se han convertido en nuestro modelo. Ya no hay gente sentada a la puerta de su casa, sin hacer nada. Ya no hay gente sentada en los bancos de las calles sin hacer nada. Ya no hay gente asomada a la ventana, sin hacer nada. Todo el mundo está haciendo algo.

No seas como ese ilustre profesor norteamericano. Estaba yo sentado con él en una cafetería de Central Park, y el hombre se encontraba inquieto, nervioso, angustiado, sin disfrutar del bosque ni del lago que nos rodeaban. Hasta que vislumbré el origen de su sinvivir: ¿el profesor llevaba dos días sin trabajar y ya no podía más! Echaba de menos su biblioteca, sus apuntes, su ordenador Sabía mucho de literatura, de filosofía, de sociología pero no sabía no hacer nada.

Atrévete. Al menos durante unas horas. El tiempo dilapidado es siempre tiempo ganado. Lo que perdemos son semillas que luego crecen en frutos. Todo lo que vemos sale de la nada. Sin la nada, no existiría nada. Sé que resulta increíble, pero cuando se llega a lo más hondo de la materia, no se encuentra sino la nada.

Creemos que, para lograr la vida que anhelamos, tenemos que hacer cosas. A nadie se le ocurre que pueda alcanzar sus metas sin hacer nada. Y, sin embargo, muchas veces es la única forma de alcanzarlas. Basta con desear y olvidarse. Y las cosas llegan por sí mismas. Lo aprendí siendo muy joven, en la lectura de 'Los tres mosqueteros'. D'Artagnan tiene un deseo, que ya no recuerdo, pero no hace nada para conseguirlo; simplemente se encierra y espera ¿hasta que el deseo se cumple! Sin hacer nada, consigue todo.

La enfermedad de los gobiernos es creer que pueden hacer algo; imaginar que a golpes de leyes, decretos y boletines pueden cambiar a la gente. Lo que no han conseguido las religiones ni las filosofías, creen poder conseguirlo ellos con sus ministerios. Pero lo único que logran es dolor, injusticia y gastos añadidos a los que ya existen. El gran político sería aquel que no hiciera nada, el que tuviera simplemente la intención de lograr unos pocos y laudables objetivos. Pero política y horror a no hacer nada van de la mano. Los políticos pecan por exceso de hacer.

No hagas nada. Te sorprenderá comprobar que, aunque te cruces de brazos, las cosas siguen su curso. Basta el pensamiento para construir la realidad. Luego puedes tumbarte más de lo que te tumbas ahora. Puedes delegar más de lo que delegas ahora. No necesitas hacer nada para ser. Sé simplemente. El tiempo te pertenece. Y que quienes pertenecen al tiempo, sigan haciendo. Tú párate. Y no hagas nada. Y entonces todo hará para ti.

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