Actualmente muchas familias españolas no pueden ejercer su derecho fundamental a elegir la educación que desean para sus hijos (artículo 26 Declaración Universal de los Derechos Humanos y artículo 27 de la Constitución Española de 1978) debido a la imposición de un modelo educativo único: la coeducación.
Los países más desarrollados (Estados Unidos, Francia, Alemania, Suecia, Reino Unido etc ) ante el tremendo fracaso escolar y la gran violencia de género que padecen sus institutos y colegios -lo mismo que ocurre en nuestro país-, han optado por ofrecer la diferencia separando por sexos en determinadas edades. Hay que señalar que esto se limita a las horas lectivas; fuera del horario de clases, los chicos y chicas deben estar juntos y relacionarse. El resultado de estas experiencias, plasmado en estadísticas y datos experimentales, ha sido en todos los casos y países espectacular: aumento del rendimiento académico; disminución de la violencia de género; mejor ambiente en las clases; mayor eficacia en la labor de los profesores.
Posiblemente, muchas personas pensarán que esta opción puede ser catalogada de retrógrada y contraria al principio de igualdad de oportunidades, pero yo me pregunto ¿cómo en Francia o Alemania los partidos socialistas y las nuevas feministas han tomado la iniciativa de imponerlo? Las mujeres quieren ser ellas mismas, ni mejores ni peores, simplemente diferentes.
El derecho a la libertad está íntimamente unido al derecho a la educación. Por este motivo es importantísimo que todos los jóvenes, a parte de sus diferencias sociales y económicas, puedan ser portadores de una educación de calidad y en libertad. La verdadera libertad está en la elección y no en la imposición. Si vemos que con lo establecido no hay buenos resultados, busquemos otras alternativas que sean eficaces en la elección.





