«La situación de la infancia y de la adolescencia en la actualidad es, por un lado, beneficiosa, gracias a los avances tecnológicos, pero al mismo tiempo es sombría y negativa». Así describe el panorama actual el psiquiatra y psicoterapeuta familiar Jorge Barudy (Chile, 1949), que ha visitado Granada para participar en las III Jornadas de Reflexión sobre teatro para la infancia y la juventud.
«Existe una relación directa entre los malos tratos y las conductas violentas», reconoce el psiquiatra. Los casos de maltrato aumentan, pero las neurociencias demuestran que un niño bien tratado, querido y educado nunca presentará un comportamiento violento.
«Cuando hablamos de maltrato, no sólo nos referimos a las vejaciones físicas o sexuales, sino a la negligencia educativa», afirma Barudy. La educación radica en estar al lado del niño para enseñarle a autocontrolarse, a respetarse a sí mismo y, por ende, a respetar a los demás.
La violencia en los niños y de los jóvenes no entiende de clases sociales. Aunque, según Barudy, en los sesgos más favorecidos de la sociedad el maltrato fundamental es la «negligencia afectiva, la soledad».
La soledad
En los países ricos se habla incluso del 'síndrome de llave colgada en el cuello', es decir, que el niño desde muy pequeño ya tiene su propia llave de casa y, como única compañía, los juegos, la televisión y la comida basura. Son precisamente los que sufren más trastornos en su comportamientos. Pueden ser agresivos o al contrario, se pueden convertir en víctimas. En las sociedades más desfavorecidas se une el factor de la transmisión intergeneracional del maltrato. Es decir, la falta de educación de los propios padres, que han vivido situaciones negativas en el seno familiar. Los golpes e incluso las agresiones sexuales son utilizadas por los padres como 'herramientas educativas'.
Actualmente asistimos a un proceso de desintegración social. Los padres y madres necesitan un apoyo para educar a sus hijos, pero están solos. En este sentido, el teatro infantil es un instrumento terapéutico y complementario muy importante.
No hay que dejar que el teatro para niños se convierta en un producto de mercado y se contamine con la idea de ofrecer simplemente espectáculo, según Barudy. La esencia del teatro es sintonizar con el mundo del niño de forma que le permita expresar emociones, entender la realidad en la que vive y, sobre todo, no sentirse culpables de los problemas que lo rodean. «La gran paradoja es que los adultos no solamente crean un mundo inhóspito para los niños sino que le echan la culpa a ellos, cuando la raíz del problema está en su incompetencia e ignorancia», dice.
Resiliencia
Barudy es un experto en resiliencia infantil. Este fenómeno demuestra cómo niños que han vivido en condiciones familiares muy adversas salen adelante sin convertirse en enfermos mentales y sin caer en el alcohol o las drogas. La resiliencia es la capacidad de reponerse de experiencias negativas o traumáticas.
El teatro hace las veces de 'tutor resiliente'. Esta figura la puede encarnar un vecino, un profesor, un educador social, o un actor de teatro. Se necesitan tres actitudes para serlo: amar a los niños, ser capaces de transmitirle afectividad y respeto, independientemente de las circunstancias en las que hayan crecido; ayudarles a tomar consciencia de que son responsables de sus conductas, pero no culpables, sino que son víctimas de una familia que no ha sabido cuidarlos y hacerles ver que tienen la posibilidad de optar por algo constructivo; y el humor. Tiene que tener buen humor, un sentido constructivo de la vida y que tenga incluso la capacidad de reirse de sí mismo. Y todas estas características se encuentran en el teatro infantil y juvenil.