IMAGINO lo que ocurrió. A veces, la verdad es tan evidente que se esconde. Estoy convencido de que la mejor forma de ocultar algo es ponerlo a la vista de todos. Es lo que presumiblemente hicieron los McCann y sus amigos.
O, al menos, lo que pienso yo. Siento un enorme pesar por lo que puede haberle ocurrido a Madeleine, la niña de 4 años desaparecida en Praia da Luz, y casi aún más por sus padres, pues no hay nada más espantoso que perder a un hijo.
Lo sucedido, sea quien sea el responsable, es una tragedia. Pero eso no debe impedir hacer conjeturas, legítimas, además, en un asunto del que hablan continuamente los periódicos y televisiones de todo el mundo. Voy, pues, a intentar decir esa verdad que, de tan manifiesta, parece perderse. Claro, son sólo cábalas, posibilidades... No muestro una verdad, sino una hipótesis. Y lo hago con todo el respeto y con la manifiesta indicación de que los protagonistas, mientras no se demuestre lo contrario, son inocentes. Practico un juego de la imaginación. No los inculpo.
Extraños hechos
Si miramos lo acaecido y no damos nada por sentado, sorprenden poderosamente varios hechos que, hasta el momento, parecen haber pasado inadvertidos. O, al menos, no se ha hablado lo suficiente de ellos.
El primero es el singular comportamiento mantenido por los padres de Madeleine y sus amigos en la fatídica cena del 3 de mayo de 2007. Que un matrimonio se arriesgue a dejar sus hijos durmiendo solos en un apartamento para pasar una velada con los amiguetes no es normal, aunque los separen 100 metros de él. Pero lo que ya resulta absolutamente anormal es que otros dos matrimonios hagan lo mismo. Tanta temeridad junta no casa. Aquella noche no fueron sólo Gerry y Kate McCann quienes dejaron a sus tres hijos abandonados en el dormitorio. Matthew y Rachel Oldfield, doctor y consultora, dejaron también a su hija... ¿de solo un año! Lo mismo hicieron Russell O'Brian y Jane Tanner con la suya. Pero lo anterior todavía resulta aún más insólito si tenemos en cuenta que las hijas de las dos últimas parejas ¿estaban enfermas! La hija de Russell O'Brian, encima, vomitaba. Que a pesar de las mínimas edades de sus hijos y de que dos niñas estaban malas se reunieran todos en el restaurante resulta tan sorprendente que uno comienza en seguida a sospechar que el encuentro parecía tener más de obligación que de devoción. Como si éste hubiera sido amañado para servir de coartada, borrar huellas y trasladar a la niña... o al cadáver de la niña.
Con este triple fin podrían explicarse las idas y venidas de los comensales. Los primeros en llegar al bar Tapas, a las 20'30, fueron los McCann. A pesar de la 'puntualidad británica', los Oldfield y el doctor Russell O'Brien llegaron al restaurante un cuarto de hora después. David y Fiona Payne llegaron todavía más tarde, con casi media hora de retraso. A las 21, Gerry McCann salió para ver a sus mellizos y a Madeleine. A las 21'10, con 40 minutos de retraso, Jane Tanner se unió a su pareja, Russell O'Brian, y a la cena. A las 21'25, retornó Gerry McCann. No había novedad. Todo parecía seguir normal. En ese mismo instante, Matthew Oldfield se levantaba para ver a su hija, que, como hemos dicho, estaba enferma. Cinco minutos más tarde Russell O'Brian, cuyo hija estaba también enferma, hacía lo mismo. Cinco minutos después, Matthew Oldfield regresaba al restaurante. Russell O'Brian no lo haría hasta las 21'55. A las 22, salió Kate McCann. Es la que se topó con la ausencia de Madeleine y dio la alarma de que 'había sido raptada'.
Hipótesis
¿Qué sucedió realmente? Resulta extraño que tanto la hija de Matthew y Rachel Oldfield, como la de Russel O'Brien y Jane Tanner, estuvieran enfermas. ¿Qué tenían? Una de ellas vomitaba. Me pregunto si lo que enfermó a los dos niñas no fue lo mismo que mató a Madeleine. ¿Sería una locura pensar que, si Kate McCann dio a su hija un tranquilizante, los demás médicos hicieran los mismo con las suyas? ¿No sería ésta la 'enfermedad' que les atribuían? El abuelo de Madeleine ha insinuado que Kate tal vez administró Calpol a su nieta. El Calpol es una suspensión de paracetamol que, a veces, contiene ibuprofeno. El Calpol puede ser peligroso para los niños. Las informaciones médicas advierten que las tabletas de Calpol con una suspensión superior a seis no deben administrarse a niños menores de seis años, bajo riesgo de causar serios daños en el hígado y en los riñones. Las tabletas que contienen fenilanina no pueden administrarse bajo ningún concepto a niños con un desorden del metabolismo denominado fenilketonuria. También existe peligro si el niño es alérgico a alguno de los ingredientes del Calpol.
¿Fue alguna de estas complicaciones la que acabó con la vida de Madeleine? Tal vez todas las niñas habían tomado la misma sustancia y, alarmados los padres por lo que le había sucedido a Madeleine, hicieron vomitar a las suyas. ¿Sería ésta su 'enfermedad' y la razón de los vómitos?
No creo, pues, que Madeleine muriera violentamente. Por eso no entiendo lo de la sangre. Según las últimas informaciones, habría una mancha completa en el automóvil que los padres alquilaron... ¿25 días después! Si admitimos la macabra hipótesis de que mantuvieron durante todo este tiempo muerta a su hija en la habitación, ¿seguía sangrando 25 días después? Supongo, además, que, en un caso semejante, la llevarían envuelta. Pero lo que es más extraño, ¿la policía no registró la habitación desde el mismo momento en que la madre dio la alarma? No sé por qué, pero no creo en estas nuevas revelaciones. Ayer mismo la policía portuguesa indicó que habían sido una invención de la prensa.
Creo que la realidad es que decidieron deshacerse de Madeleine en aquel mismo momento. Tenían que actuar urgentemente. El horror no podía salir a la luz. No sólo estaban comprometidos los padres de Madeleine. También los demás. Doctores todos. Estaba en juego su reputación como padres. Y su reputación como médicos. Nadie tenía culpa de lo ocurrido, pero reconocerlo era a todas luces contraproducente. Una negligencia médica... con sus propios hijos. Había, pues, que ocultar el cadáver. A alguien se le ocurrió fingir un rapto. Tal vez la misma persona inventó lo de la cena, posiblemente Russell O'Brian o su mujer Jane Tanner. A los padres de Madeleine los enviaron los primeros. Era lógico que fuese así. Ellos debían tener la coartada principal. Debían dejar el tiempo suficiente para que sus amigos actuaran.
Como debían dar la sensación de que no ocurría nada, fueron llegando por turnos al restaurante. Entraban y salían para ver cómo iban las operaciones. En la última salida de Gerry McCann, éste debió de encontrarse en los apartamentos con Jane Tanner. Probablemente quizá sea esta mujer la que más sabe de lo ocurrido. Quizá fue ella la que le dio el aviso de que todo estaba listo para 'el descubrimiento'.
A las 22 horas, Kate McCann se encamina al dormitorio de sus hijos. Sabe que sus amigos han ocultado ya todas las evidencias. Sólo le queda dar la voz de alarma. Y así sucede. Grita: «¿La han raptado!». Para ello, no tiene que fingir. El dolor debe de ser inmenso. Por fin puede dar salida a la tragedia. Pero se traiciona. Se traicionan todos. Lo más normal en una madre que ve que su hija no está en el dormitorio es pensar que se ha levantado y salido. Pero Kate McCann no va a buscarla. No insinúa siquiera que su hija puede estar por los alrededores. Grita: «¿La han raptado! ¿La han raptado!». Esa es la estratagema. Desviar la atención. Balones fuera. Probablemente el cadáver de su hija estaba ya a buen recaudo. Quizá en el fondo del mar.
Lo curioso de todo es que Gerry y Kate McCann no mienten en sus declaraciones. Es cierto que ellos no están directamente involucrados en la desaparición de su hija. Fueron sus amigos quienes la hicieron desaparecer. También es muy probable que no sepan siquiera dónde se depositó el cadáver. Con probabilidad, quienes lo hayan hecho desaparecer se lo han ocultado por compasión... y por seguridad. La muerte de Madeleine debió de ser algo tan rápido y fulgurante, y debieron de intervenir los amigos tan inmediatamente, echando a los apesadumbrados McCann al restaurante, que muy bien éstos pueden tener la sensación de que su hija fue raptada. Y así ocurrió, en efecto, salvo que ya estaba muerta y que quienes lo hicieron fueron sus propios amigos.
Preguntas
La anterior hipótesis lleva directamente al planteamiento de una serie de cuestiones. ¿Se ha reconocido a las niñas? ¿Cuál fue la enfermedad que padecieron aquella noche? A qué se debían los vómitos de la hija de Jane Tanner y Russell O'Brian? Según éste, le cambió las sábanas cuando fue a verla. Pero en el hotel no parece constar que se pidieran aquella noche sábanas nuevas. ¿Las lavó para que no pudieran descubrirse en ellas los restos del Calpol?
¿Se han examinado con la misma escrupulosidad que la habitación de los McCann las de los amigos? Quizá guardaran pruebas importantes. Es muy posible que, si Madeleine murió accidentalmente, su cadáver permaneciera un tiempo en alguna de ellas. Si no se ha hecho así, tal vez sea ya tarde para el análisis. Los huéspedes han volado. Y al no ser siquiera sospechosos, no tienen por qué dejar rastros de su paradero.
Claro, todo es, vuelvo a insistir, una hipótesis. Mientras se buscan razones y criminales, se olvida lo más extraño de todo, lo que salta a la vista inmediatamente: el comportamiento de los amigos de los McCann aquella noche. Aquí radica a mi juicio la explicación. Casi estaría dispuesto a apostarme algo. Pero sigue siendo, repito, una hipótesis. Mientras no se demuestre lo contrario, todos son inocentes. Y me alegraría mucho que siguieran siéndolo para siempre.