Sábado, 8 de septiembre de 2007
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Provincia
Bailando con patatas
Los seis habitantes de Olías ensayan sus tradicionales bailes para recuperarlos durante las fiestas en honor a la Virgen de Gracia
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LA media docena de habitantes de Olías (anejo de Órgiva) llevan varios días ensayando los ancestrales bailes de la patata y escoba para recuperarlos y realizarlos con maestría y destreza hoy sábado y mañana domingo, con los demás vecinos que residen en otros lugares y que retornan a su terruño con motivo de las fiestas patronales en honor a la Virgen de Gracia. La misa, al medio día, y la procesión por la tarde, también tendrán lugar hoy sábado.

Victoria Rodríguez, de 91 años de edad, es la abuela de Olías, y lo que más le encanta comer son las migas con engañifa y ensalada. Aunque también viven allí Jesús Melero y su esposa Mari que han manifestado que el baile de la patata consiste en que cada pareja tiene que bailar una pieza sosteniendo una patata con la frente, y a las que no se le caen -cosa que no pasa muy a menudo porque hay que mover los cuerpos- obtienen un trofeo. El baile de la escoba consiste en bailar e ir pasando de pareja en pareja una escoba. El conjunto musical (este año será 'Aires Nuevos') cuando menos se lo espera uno, para de tocar, y la pareja que sostiene en ese instante la escoba, pierde, y así hasta que solo queda una que se proclamará ganadora.

De historias y leyendas

Aunque Olías es un pueblo pequeño son muchas las historias y leyendas que ha acumulado durante siglos. Cuentan, por ejemplo, que un pastor se refugió un día en la cueva de 'Las campanas', y allí se encontró a un misterioso hombre que le invitó a que se quedase con algunos de sus enseres. El pastor, tímidamente, señaló un cordón, para su morrala (especie de bolso de cuero), y un tarro para beber agua. Una vez en el pueblo, el pastor contó lo que le había sucedido y al extraer del saco el tarro comprobó que era un cáliz de oro. No obstante, el párroco se lo quitó, y tras estar poco tiempo en la iglesia de Olías, el valioso cáliz lo trasladaron a Granada.

Hace pocos años también ocurrió otro caso curioso en este anejo. Juan Valdés, tenía un perro llamado 'Negrillo'. Cuando la muerte le tendió su mano fría al bueno de Juan, su cuerpo fue velado en la iglesia y por allí el perro más triste y solo que nunca, con lágrimas en los ojos. El animal se acercó a la caja mortuoria, y como no podía ver desde el suelo a su difunto compañero, dio un salto y se montó en un banco para divisarlo a través del cristal. 'El negrillo' no se separó ni un solo instante de aquel lugar. Y mientras vivió, asistido por los hermanos Francisco y Carmen, no dejó de ir al cementerio para tumbarse con añoranza junto al nicho de Juan.

 
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