Jueves, 6 de septiembre de 2007
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Los bereberes unen sus fuerzas para boicotear las elecciones marroquíes
Con su postura quieren denunciar la marginación a la que se ven sometidos
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Representantes de asociaciones bereberes de Marruecos han decidido unir sus fuerzas para denunciar la marginación de su pueblo e instar al boicot de las elecciones legislativas que se celebrarán mañana. «La Constitución y el sistema estatal no otorgan ningún reconocimiento a la cultura, la lengua y la civilización amazigh. Estamos aislados de los objetivos del Estado y por esa razón no podemos participar», dijo a la prensa Mohamed Ajghough, miembro del Congreso Mundial Amazigh (CMA).

En un encuentro que mantuvo con los periodistas en la localidad de Jenifra, situada en la región montañosa del Medio Atlas, Ajghough denunció la «inutilidad» de acudir a las urnas y la necesidad de recordar a la población el olvido del Gobierno de Rabat. «Nosotros somos y seguimos siendo pobres. Las elecciones no nos aportan nada porque se hacen para los intereses de los ricos. La gente en la actualidad es totalmente consciente de ello y la participación será débil», añadió.

15 millones de votantes

A la cita electoral -de la que saldrán elegidos los 325 diputados de la Cámara de Representantes o Cámara baja del Parlamento y en la que parte como favorito el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD, islamista moderado)- están convocados 15,5 millones de electores para una población total de cerca de 33 millones de habitantes. La compra de votos, junto con otras infracciones como la intervención ilegal de funcionarios en favor de candidatos o la utilización no autorizada de bienes estatales en las elecciones, según informaron los ministerios de Justicia e Interior en agosto, han protagonizado hasta la fecha parte de la campaña.

A juicio del representante del CMA, «la venta de tarjetas electorales, que se da especialmente por parte de las mujeres, se produce porque la gente no cree en las promesas políticas y ve en ella una manera de ganar un poco de dinero». A ello se suma la denuncia de Ajghough de que «los candidatos, más allá del reparto de panfletos, ni siquiera han celebrado mítines en la zona, porque los partidos son todos iguales y no han traído nada nuevo».

Ésa es la razón de que, en palabras del presidente local de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), Aziz Akkaoui, en términos generales el ambiente sea de momento «frío y prácticamente estable». Pese a la apuntada tranquilidad, no obstante, Akkaoui destacó que en lugares como El Kebab, a 30 kilómetros de Jenifra y en donde la gente se negó en un principio a retirar su tarjeta de votante, las autoridades han instado a la población para que lo haga, incluso de manera intimidatoria.

Sin competencias

«A quienes han rechazado recoger su tarjeta electoral se les ha amenazado con que cuando vayan a solicitar documentos oficiales, no les serán facilitados en caso de que no la tengan», dice Akkaoui. A juicio del presidente de la AMDH, el desinterés ciudadano con respecto a las elecciones legislativas viene marcado «porque el Parlamento en Marruecos no tiene competencias para legislar, dado que todas las grandes decisiones se toman fuera de él y todos los poderes están en manos del monarca».

La comunidad amazigh demanda reformar la Constitución a fin de que «el Parlamento pueda verdaderamente legislar y el Gobierno gobernar, en lugar de que lo hagan el rey, sus consejeros, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, Francia o Estados Unidos». «Todo eso para nosotros es una pantomima, un engaño, pero resulta alentador el hecho de que la población lo haya comprendido y de que el nivel de la abstención será alto», sentencia Akkaoui.

 
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