ES matemático. Se acerca el 31 de agosto, aniversario de la muerte de Diana de Gales, y en radios y televisiones empieza a sonar la melosa musiquilla del tema que el inefable Elton John le dedicó a su amiga, a partir de la melodía que en su día compuso para Marilyn Monroe. La canción (y esto lo saben hasta en el remoto Bután) se titula 'Candle in the wind', lo que significa 'Vela en el viento'. Pero no vela de navegar, sino de las que arden... A menos que un violento ventarrón las apague cuando aún queda mucha cera, que es lo que, metafóricamente, ocurrió en este caso.
Que un compositor modifique la letra de uno de sus más famosos temas para adaptarla, con calzador, a tu biografía ya es un poco chusco. Pero que convierta ese apaño en himno de tu funeral queda tan chocante como una estrella de Hollywood recogiendo un Oscar con un traje más visto que Paris Hilton, y encima de segunda mano.
No acudirá
Francamente, no me extraña que Camila al final haya decidido no acudir a la misa por el décimo aniversario de la muerte de Diana, prevista para mañana viernes, porque conociendo la capacidad de improvisación de Elton y su lengua viperina, lo mismo se encuentra con que ha vuelto a cambiar la letra de 'Candle in the wind' hasta convertirla en algo parecido a esa copla de Concha Piquer que dice: 'Yo soy la otra, la otra...'
Y no es la única razón por la que pienso que Camila no debe acudir a ese funeral. La primera y principal es por una cuestión de decoro. Al fin y al cabo, como amante de Carlos, ella fue durante años la rival, la peor enemiga de la difunta. Y, vale, al final resultó vencedora. Se llevó el trofeo a casa (trofeo con asas, en este caso). Pero lo que no puede pretender es adjudicarse también los laureles, porque ésos, al igual que la victoria moral, pertenecerán siempre a la víctima. Y la víctima aquí, a ojos del pueblo, es Diana.
La prensa, culpable
No me extraña que Camila no esté mañana en dicha ceremonia. Lo que de verdad me admira es que al principio pensara asistir. Decía que se lo habían pedido los hijos de la difunta, porque saben que ella (Camila) no es la culpable del divorcio de sus padres. Qué va. La culpa la tuvo la insoportable presión de la prensa... Sí, sí, claro, a las parejas famosas las separa la prensa porque las persigue por la calle. Y a las anónimas también las separa la prensa, porque esa revista del corazón o ese periódico, abiertos de par en par, son el parapeto tras el que se suele ocultar un cónyuge harto y aburrido.
No, si al final va a resultar que cuando Diana dijo eso de que su matrimonio fracasó porque eran tres, en realidad estaba hablando de ella, de su marido y del diario 'The Times'.