Domingo, 19 de agosto de 2007
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Una fiesta con mucho 'duende'
Los vecinos de Soportújar, llamados 'brujos' por cierta leyenda de apariciones, celebran hoy el último día de las fiesta en honor a San Roque
Una fiesta con mucho 'duende'
Blanca Tovar, de 95 años de edad, es obsequiada por músicos y vecinos.
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LA localidad alpujarreña de Soportújar, tierra de 'brujas, brujos y duendes' en otros tiempos, según cuenta la leyenda, encaramada en la montaña entre un mosaico de labores, y situada entre una espesura de vegetación que desprende un sahumerio de aromas campestres, celebra hoy, domingo, el último día de sus fiestas en honor a San Roque. Hoy habrá misa a mediodía, juegos, talleres, concursos, fútbol, verbena con el 'Grupo Galilei' y otras cosas. Ayer, tuvo lugar la diana y conciertos a cargo de la banda de música 'Costa Tropical', dirigida por el maestro de Soportújar, Javier Romero, la procesión de las imágenes de San Roque y San Antón, adornadas por Antonio y María, de la floristería de Órgiva, y baile. David Romero, el primer teniente de alcalde, se encargó de que no le faltasen a los músicos higos chumbos y anís, «para mantener viva la tradición».

En la víspera (viernes) hubo pasacalles, degustaciones, concursos de flanes, teatro a cargo de la Asociación de Mujeres de Soportújar, etcétera. Asimismo, desde el pasado lunes y hasta el jueves, Soportújar ha celebrado su XII semana Cultural con 26 actividades y encuentros. Además, el Ayuntamiento, presidido por Juan Antonio Martín, ha rendido homenaje al panadero de Órgiva, «el incansable y tenaz Antonio Morón, por traernos el pan cada día al pueblo, ininterrumpidamente, desde hace 42 años, y a Paco, el practicante, un hombre muy bueno que lleva subiendo desde Órgiva a nuestra localidad dos décadas para desempeñar su cometido».

Los recuerdos de Blanca

Una de las vecinas más longevas de este pueblo que posee todo el tarabillaje de las medinas marroquíes, Blanca Tovar, nacida en 1912, indicó ayer a IDEAL que cuando ella era una niña, su pueblo carecía de luz eléctrica, de servicios para hacer las necesidades y de otras cosas. «Recuerdo que los mayores le entregaban a los mayordomos una peseta, el jornal de un día, para poder juntar dinero para pagarle a la banda de música que procedía de otro pueblo. Eso sí, a pesar de la escasez de la época, las fiestas se celebraban muy bien. Muchos incluso se las apañaban para estrenar vestimenta, y casi todos comían buñuelillos y pan de trigo, en vez de pan hecho con maíz y centeno, para acompañar el arroz con carne y otros platos. Los músicos que acudían al pueblo andando, se alojaban en moradas de la localidad, la mayoría de los vecinos iban a misa, y por la noche todos bailaban más que un trompo».

«A pesar de la escasez, eran unas fiestas estupendas -sigue rememorando Blanca- sin tantos lujos como ahora hay, porque la vida, cuando yo era chica, era muy sacrificada, tanto que mi padre, curtido en los campos, ganaba por trabajar de sol a sol siete reales, y yo, para ayudar a sacar la casa adelante, por unas cuantas perras chicas comencé a servir en una casa con siete años. Y claro, no pude ir a la escuela, ni mucho menos viajar en mi juventud para conocer el mar, que al fin pude contemplar no hace tanto tiempo, y no hablemos de Granada capital, porque fui allí cuando me puse mala y otra vez, ya mayor, que fui a ver a la Virgen de las Angustias». Muchos años, pero gran memoria la de Blanca.

 
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