Miércoles, 15 de agosto de 2007
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OPINIÓN

TRIBUNA
'Cascarabitos'
Nuevamente nos sorprende Teodoro R. Martín de Molina, profesor del I.E.S. de Alfacar, inspirado poeta y hábil narrador, con la reciente publicación de un interesante y emotivo relato de posguerra española en La Alpujarra granadina, titulado, con acierto, 'Cascarabitos': una atractiva y, a veces, conmovedora crónica novelada, evocadora de una dramática y dolorosa etapa de nuestra historia -aun reciente- que podemos situar entre el final de la guerra civil de 1936-1939 y los comienzos de la década de los 60, en la que se iniciaron y después se incrementaron las sucesivas oleadas de emigrantes españoles -sobre todo extremeños, castellanos y andaluces- a los países más desarrollados de Centro Europa.

Una densa y evocadora crónica -repito- constituida por 18 capítulos o pasajes diferenciados, pero íntimamente relacionados entre sí a través de un coherente y bien trabado plan narrativo, que persigue, en la intención de su autor, un objetivo fundamental y prioritario: facilitar a los lectores de nuestros días una clara visión retrospectiva del modo de subsistir, trabajar, divertirse, enamorarse, procrear, sobrevivir, emigrar y morir de los alpujarreños, en el difícil período de la posguerra española, en un apartado y pintoresco rincón de la Alpujarra granadina, que nuestro autor, con calculada intención, ha bautizado con un sonoro y sorpresivo topónimo, 'Alzujara', cuyo significado aun no he podido descifrar (¿y bien que lo he sentido !), pero sí localizar e identificar geográficamente. ¿Menos mal!

'Cascarabitos' se abre, a modo de introducción, con dos estremecedoras alusiones (los pasajes 1 y 2 del extenso relato) a la incidencia que la Guerra Civil del 36-39 tuvo para los sorprendidos y afectados habitantes de 'Alzujara', esto es: los bombardeos y la ráfagas de ametralladora que, desde el limpio cielo de la Alpujarra, vomitaban los Junkers alemanes del ejército sublevado; la incesante huida y concentración de los vecinos (niños, ancianos, jóvenes y adultos) en los improvisados refugios de la zona; la dolorosa muerte de un niño por la explosión de una bomba lanzada por los aviones; el nervioso ir y venir de los milicianos que, desde sus baluartes, escondrijos y trincheras, trataban de defender la población; los amoríos que algunos de estos jóvenes milicianos sostuvieron con determinadas y desengañadas mozas del pueblo; el inesperado reclutamiento de nuevos hombres para la guerra, pertenecientes a la 'quinta del saco'; la temeraria y decidida resistencia que ofreció Felipo, padre de Vicente (uno de los más destacados protagonistas de 'Cascarabitos') a ser de nuevo enrolado en las filas del ejército republicano, sensiblemente diezmado por efecto de la guerra; el desenlace final de la confrontación civil y las consecuencias que, para las buenas gentes de 'Alzujara', se derivaron de tan cruel y dramático acontecimiento

Los 16 pasajes o capítulos siguientes, que conforman la estructura y el núcleo esencial del relato, se ocupan de describir, con indudable penetración en el alma y en la idiosincrasia de cada personaje y con evidente amenidad, claridad y acierto en la narración, las dificultades, peripecias, amores y desamores, trabajos y estrecheces de las familias campesinas de 'Alzujara', en el marco de una Alpujarra áspera, dura y sensiblemente afectada por una guerra entre hermanos que duró más de lo debido

Pero la intención de nuestro autor no ha quedado limitada solamente a satisfacer este objetivo como narrador consolidado, no; sino que ha pretendido destacar al mismo tiempo en su relato los acusados y excepcionales rasgos biográficos de determinados personajes, nacidos y criados en 'Alzujara', que protagonizaron con su vida, sus actitudes, su tenacidad y sus esfuerzos, toda una aventura existencial plagada, desde sus primeros años, de carencias, obligadas renuncias, prematuras responsabilidades, penosos quehaceres, y al fin, logradas aspiraciones, con suerte alterna y caminos y metas diferenciados, que no pocas veces se confundieron en el laberinto gris de las encrucijadas, y otras -las más- se distanciaron definitivamente hasta el final de sus vidas

Uno de estos insólitos personajes, que aparece, con intencionada reiteración, a lo largo del relato, es Vicente, hijo de Adelaida y Felipo, un hombre de bien este último, apegado a sus quehaceres y a su familia y consagrado, con firme dedicación, al duro trabajo de la tierra. Vicente, desde que era un niño, asumió tareas y responsabilidades superiores a su edad: porquero, pastor de cabras, peón del campo, emigrante, aprendiz de albañil, albañil, encargado de obras Su tenacidad, su afán de superación y, sobre todo, su hombría de bien, le ayudaron a conseguir en la vida puestos cada vez más importantes, en medio de unas circunstancias tan adversas y dificultosas como las que marcaron -y de qué modo- la desgraciada etapa de la posguerra española (1940-1960).

El segundo personaje que el autor de 'Cascarabitos' ha querido destacar, entre otros, en su crónica novelada, es Alonso, el mayor de los hijos de Antonio Romero, encargado de las hermanas Ramírez, dueñas a la sazón de una de las mayores haciendas del lugar. Alonso nació para emprender -en un ambiente hostil- promocionar y conservar negocios. No quiso seguir, en su quehacer como trabajador, la obligada trayectoria laboral de sus convecinos: el pastoreo, la agricultura y la vinculación a otras tareas y oficios derivados de la tierra. De inteligencia viva y dotado de un carácter fuerte y decidido, se mostró siempre intransigente cuando tenía que serlo y afable, condescendiente y servicial cuando las circunstancias y la demanda ajena lo requerían. Ingresó, como voluntario, en el Ejército, con el firme propósito de hacer carrera; pero sus planes se vieron truncados por el inesperado fallecimiento de su progenitor. Este contratiempo le obligó a regresar a 'Alzujara', para ponerse al frente de los suyos: su viuda madre y los hermanos. Cuando Alonso cumplió sus deberes como sustituto del padre, casó con una de las mozas mejor acomodadas del lugar, la señorita Encarna, hija de un rico labrador del pueblo, Roberto Carrión. Y fue a partir de este acontecimiento cuando Alonso inicia, con decisión y coraje, su imparable carrera como hombre y gestor de los más variados negocios: recolector y vendedor de todo el esparto de la comarca; afanado comprador de tierras, ganados y viñedos; empresario de la construcción, contratista de obras públicas promovidas por los Ministerios de Educación Nacional e Información y Turismo, etc., valiéndose de su talento y, sobre todo, de su prodigiosa habilidad para relacionarse con los altos cargos de la Administración, a los que, en más de una ocasión, supo obsequiarlos con los sabrosos jamones de la Alpujarra, una práctica relacional que ya consagraron, en su tiempo, distinguidos y recordados políticos decimonónicos de la comarca: Natalio Rivas, García Moreno, Vázquez Rosales, Alberto Aguilera y algunos más «Alonso -escribe nuestro dilecto autor- se marchó de este mundo sin poder concluir todo lo que su imaginación y su talento había soñado; le faltó tiempo. Sin embargo, se llevó a la tumba la satisfacción de haberse hecho a sí mismo, de ayudar a muchos a construir y orientar sus propias vidas , aunque a veces el que siembra no llegue a ver -como en este caso- el fruto de sus muchos afanes » ¿Admirable!

El mensaje que 'Cascarabitos' pretende transmitir a las nuevas generaciones, es que la vida en los pequeños pueblos -como es el caso de 'Alzujara'- ha estado marcada, durante más de medio siglo, por la emigración de sus hombres y por el abandono de la tierra. «Arrancados del medio rural -ha escrito Emilio Lledó- nada bucólico, incluso cruel a veces, pero vivo, y trasplantados allí donde el trabajo no tiene otra mediación que la del dinero, el esfuerzo se hace irreal y en el fondo abstracto. Los frutos de la tierra, sin embargo, la dura lucha por lograrlos es una manera de vivir sin que se rompa el vínculo con la naturaleza que realmente somos».

Gracias, Teodoro, por habernos ofrecido, en tu crónica novelada, el recuerdo de unos hombres, de unas mujeres y unos hechos que deben ayudar a los más jóvenes a saber valorar el esfuerzo, el tesón y el trabajo de nuestros mayores y a considerar que el 'asfalto' y el 'cemento' -en la tesis de Emilio Lledó- «son dos símbolos materiales que pueden ser útiles cuando sustentan el camino o cobijan la vida; pero que se vuelven enemigos del hombre cuando el camino asfaltado no conduce a ninguna parte y el 'cemento' -con los millones de antenas televisivas clavadas, como mortíferos estoques, en su cresta- pueden infectar y aniquilar la creatividad y la existencia »

¿Cuánto siento, querido Teodoro, que, en multitud de ocasiones, el asfalto y el cemento hayan caído, como lluvia de muerte, sobre la roja y tersa piel del tomate, sobre el llanto del olivo, difuminando, para siempre, el calendario de los pastores y el afanoso acarreo de las mieses, en sazón de siega, a las altas eras empedradas de nuestra querida y rebelada Alpujarra!

 
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