Martes, 14 de agosto de 2007
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Cristina Piaget: «No es justo culpar a la belleza de tus fracasos»
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Joven, guapa y exitosa. Con la vida «bastante resuelta» y un deseo muy marcado que la ha llevado a ser actriz. Tras la muerte de su padre, cuando apenas era una niña, Cristina Piaget decidió buscarse la vida y «ser práctica». Comenzó como modelo con una carrera brillante, pero, al cabo de unos años, lo dejó todo y desapareció. Vivió un tiempo entre Madrid y Londres y, ahora mismo, se encuentra en Los Ángeles, donde espera afianzar sus pasos en el mundo del séptimo arte.

-¿Por qué se ha ido tan lejos?

-Porque el mercado español es muy pequeño y siempre trabajan los mismos.

-¿Y aun así decidió intentarlo?

-Sí. Cuando tomé la decisión, rompí con todo, dejé la moda y me centré en estudiar en buenas escuelas de interpretación.

-¿Ser conocida no basta?

-No. Mi caso no es como el de las chicas que están quemadas con el mundo de la moda y dicen: «Vale, ahora quiero ser actriz». Yo respeto mucho la profesión porque mi padre fue actor y sé lo duro que es. Mi formación me llevó muchos años, pero se nota.

-¿Por qué fue tan radical su ruptura con la moda?

-Por la misma razón por la que entré: practicidad. Yo tenía un esquema mental y pensaba: 'Cuando tenga tal cosa, lo dejo', y fue un poco lo que pasó. Me compré una casa, ahorré dinero y dije: 'Hasta aquí hemos llegado. Tengo ahora mi futuro asegurado y, pase lo que pase, nunca voy a depender de nadie'.

-Las modelos se retiran pronto. ¿Cree que la profesión es cruel?

-No. Lo cruel es el concepto de belleza, porque es efímera, porque cuesta y es casi un imposible. Esa es la trampa de los cánones estéticos, que nos hacen soñar y jugar con las carencias.

-¿Me da un ejemplo?

-Ahora están utilizando a niñas para presentar productos dirigidos a mujeres mayores de cuarenta años. Es terrible.

-En Cibeles ya controlan las tallas. ¿Cómo ve la iniciativa?

-Creo que está bien porque cuida la salud pública. Las chicas que cumplen con esos cánones desmesurados están más próximas a la muerte que a la vida.

-¿La belleza ha jugado en su contra alguna vez?

-No es justo que una mujer culpe a la belleza de sus fracasos. Cuando era más jovencita sufría porque muchos hombres se acercaban a mí por mi imagen y no por lo que era, porque la verdad es que, recién levantada, ninguna modelo es tan perfecta como a veces se la ve. Pero ahí estás para evolucionar. Si viene el típico plasta que ya sabes de qué va, es una buena oportunidad para desarrollar la destreza de escaquearte. Será por eso que, al final, siempre acababa con los bohemios (risas).

-¿Le preocupa menos su imagen tras haber dejado la moda?

-Sí. Antes tenía obsesión con la comida y sufrí problemas de peso. Comía mucho y después me castigaba cuatro días a base de líquidos para limpiar el organismo. Recuerdo esos momentos como los peores de mi vida.

-¿Cuánto llegó a pesar?

-Menos que ahora, seguro. He engordado y estoy encantada de la vida. Tengo carnecilla, me siento más mujer.

-¿Ha desfilado alguna vez con algo francamente horroroso?

-¿Sí, totalmente! Hay cosas que son como el culto al mal gusto, pero no te puedes negar. Tu tarea es hacer que se vea bonito.

-Hablando de elecciones, ¿qué tipo de cine le gustaría hacer?

-Almodóvar. Me encantaría. Para mí es como el gurú de las sensaciones. Exalta los valores humanos y convierte todo en belleza, hasta el drama.

 
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