El fracaso escolar en España llega casi a duplicar la media europea, siendo superados únicamente por Portugal y, fuera del ámbito de la UE, por Turquía. El problema resulta sumamente preocupante teniendo en cuenta que según los datos que maneja el Ministerio de Educación el porcentaje de quienes abandonan el sistema educativo sin superar la ESO continúa aumentando, situándose en 2005 en torno al 29,6%, mientras que en 2000 fue del 26,6%. Por otra parte, las diferencias que muestran al respecto las distintas comunidades autónomas resultan excesivas, con Asturias y País Vasco con índices del 14,9 y del 16,5 respectivamente frente a Baleares, donde el fracaso escolar alcanza el 38,2%, y la Comunidad Valenciana con un 35,9%. Sólo dos autonomías en España se sitúan en cuanto a fracaso escolar en torno a la media europea, y ninguna por debajo de la misma.
En demasiadas ocasiones se ha presentado el fracaso escolar como consecuencia de una determinada legislación, pero las series de datos demuestran en todo caso que España no ha dado con una norma eficiente, no que alguna de las leyes haya contribuido a agudizar dicho fracaso. También se ha recurrido al argumento de la distinta proporción que presentan las comunidades autónomas entre centros públicos y centros concertados o privados, concediendo a la mayor presencia de estos últimos un mejor índice de graduados de ESO. Es ésta una lectura que no se sostiene para explicar las diferencias territoriales. Baste señalar que la proporción de centros concertados y privados es mucho menor en Asturias que en Baleares o en la Comunidad Valenciana. O que situándose el número de centros públicos entre el doble y el triple de los privados y concertados en todas las autonomías, en Madrid tienden a equipararse, a pesar de lo cual esta comunidad presenta un 26,4% de fracaso. Por último, resulta llamativo que aquellas comunidades que han experimentado un mayor crecimiento económico en los últimos años no han podido acompañarlo con un mejor rendimiento escolar.
Uno de los datos más elocuentes que maneja el Ministerio es el de las diferencias que se aprecian entre el rendimiento de las chicas y el de los chicos a la hora de acabar o no la ESO, situándose entre 14 y 15 puntos por encima el fracaso que ellos han cosechado en los cinco últimos años. Pero el sentido de la responsabilidad y el valor del esfuerzo -que las alumnas han podido reflejar mejor- puede ser propiciado pero nunca asegurado por las leyes. Probablemente el problema y las soluciones frente al fracaso escolar se sitúen más del lado de la familia que del centro educativo o del propio parlamento. Es sabido que depende en gran medida del ámbito sociocultural en el que vivan los alumnos. Pero también de la disposición que vean en sus padres a asumir su propia responsabilidad educativa sin transferirla toda al sistema de enseñanza mediante un sencillo trámite de matriculación.