El hurto es uno de los delitos más antiguos de la historia de la delincuencia. Despistar al dueño de una tienda para robarle el género, es todo un clásico. El timo también. Pero ambos, unidos, no dejan de evolucionar para incrementar las ganancias de los ladrones más profesionales. El último ejemplo está siendo protagonizado por un grupo de rumanos muy bien organizado. Sus miembros dieron hace unas semanas un golpe en la provincia de Málaga y, con el mismo método -calcado- han ahora robado unos 5.500 euros en joyas en una tienda del centro de la capital granadina. La Policía aún los busca, por lo que las precauciones en los establecimientos se imponen.
El joyero que ha sido víctima de este tipo de robo explicó ayer para IDEAL el método utilizado, paso a paso, que tiene tintes de 'truco de magia': los profesionales se mueven al más puro estilo Tamarit para dejar luego más que perpleja a la víctima.
En su caso, que luego vio reflejado en el que se registró en Málaga, atendió el requerimiento de un hombre que iba acompañado de dos mujeres que preguntaron por los precios de varios artículos del escaparate. «Eran gitanos rumanos, como algunos de los que vemos que mendigan por la calle, no venían con aspecto de gente adinerada», relata Ángel, la víctima.
Precauciones vanas
Tomó todas las precauciones posibles para dejarlos entrar y enseñarles los artículos de oro que pedían. Abría y cerraba las vitrinas, apartaba el muestrario de joyas del mostrador para no dar lugar al hurto y tenía una actitud vigilante, como cualquier joyero para evitar el robo de cualquier cliente. Pero el problema es que la táctica del grupo, que sabía perfectamente qué tenía que hacer y cómo en cada momento, no era precisamente esa. Para convencer al joyero, como primer punto, sacaron 3.000 euros en efectivo en billetes de 50 euros del bolso de una de las mujeres. «Estaban dispuestos a gastar todo porque decían que iban a una boda y sólo querían cosas de calidad. Los cordones de oro más caros, las pulseras, los anillos. De hecho, pesaban la mercancía con la mano y lo que no era sustancioso lo rechazaban», recuerda la víctima.
El momento cumbre
De este modo, reunieron todo lo que quisieron y Ángel retiró en un mostrador lejos del alcance de su mano todo lo seleccionado. Cortó las etiquetas de cada joya y se puso a sumar los precios. El resultado fueron 4.500 euros. Le pidieron que, en vez de cajas, dividiese el género en bolsitas de regalo que el joyero iba guardando con ayuda de las mujeres. Y ahí estuvo el truco. «Yo no sé cómo, pero mientras hacían como que guardaban las joyas en realidad se las quedaban y en su lugar depositaban piedras».
A los compradores les faltaba dinero. Y dijeron que regresarían con lo que faltaba. «Se llevaron su dinero y me dejaron con las bolsitas. Cuando salieron yo ya me olí algo. Abrí rápidamente la bolsa y encontré dentro dos anillos y piedras», relata con cara de incredulidad. Además de los 4.500 euros en joyas, entre la confusión, se llevaron pulseras del muestrario.
Al salir, corrió tras ellos pero ya no pudo hacer nada. «Además, otro esperaba para recoger la mercancía para no llevar nada encima si los pilla la Policía», explica el joyero, que vio en televisión en una cinta de una cámara de seguridad a los ladrones que le 'limpiaron' la tienda en otra actuación magistral en Málaga. «Eran ellos y el método, idéntico». El grupo está formado por al menos cuatro personas. La Policía los tiene identificados, pero -por su carácter itinerante- no son fáciles de localizar.
rociomendoza@ideal.es