Uno de los grandes logros -y ha costado lo suyo- es la adaptación de los espacios hospitalarios para que madre e hijo puedan iniciarse en ello desde el mismo momento del parto -el bebé puede succionar ya, ayudando con ello a que su mamá pueda expulsar la placenta- hasta contar con habitaciones individuales, butacas adaptadas, salas específicas... y todo sin excluir (como pasaba antes) al padre de la criatura, el habitual e injustamente marginado en esas horas y días cruciales cargadas de cariño. Lo explica Carmita Ruiz, supervisora de partos y toco-ginecología del Hospital de Motril: «El centro se ha ido adecuando a esta demanda y todo ha cambiado, afortunadamente para bien y para toda la unidad familiar». Ruiz se mostraba orgullosa de que el hospital motrileño «que ya es un referente en esto» haya sido englobado en un proyecto.