MIRA Paco, van como su madre les trajo al mundo», exclamó una señora escandalizada en mitad de la Gran Vía granadina. Un grupo de cerca de cuarenta ciclistas totalmente desnudos recorrió ayer las calles del centro granadino para pedir mayor respeto de los conductores y un modelo de ciudad con menos tráfico. Eran pocos, si se tiene en cuenta que la convocatoria estaba abierta a miles de ciclistas, pero captaron más la atención de los viandantes que quinientos manifestantes a la antigua usanza.
Con el lema 'Desnudos ante el tráfico', diferentes ciudades del país habían organizado una marcha ciclonudista para gritar que se sienten indefensos ante el tráfico. Ayer pasearon con menos miedo a los accidentes y nada de vergüenza. Dejaron la ropa abandonada en una plaza granadina y se montaron en sus bicis sin más cubierta que unos cuantos lemas pintados a sus espaldas. «En España ya no es delito andar desnudo por la calle y no vamos a hacer nada malo, ni cortar el tráfico ni nada», explicaba uno de los organizadores de esta particular vuelta ciclista a una pareja de policías. No les dejaban salir «porque la manifestación no es oficial», apuntó un policía, pero los ciclonudistas les dieron esquinazo y comenzaron la marcha pasadas las seis y media de la tarde.
A paso lento, sin 'sprint' final ni nada, cruzaron la Gran Vía, atravesaron Reyes Católicos y hicieron su primera parada para reponer fuerzas en Puerta Real. En el trayecto, les dijeron de todo. Bueno y malo. «A los jóvenes de ahora no les da vergüenza nada. Seguro que son unos pintas de esos que están todo el día tirados. ¿Indecentes!», les increpó un señor. Sin embargo, y a pesar de los muchos comentarios críticos que acompañaron su recorrido, hubo más aplausos, fotos, cuchicheos y gritos de ánimo que otra cosa. «Ahí, con un par. Que se note que en Granada también nos movemos por vivir mejor», les gritó Juan Ferrer sin escatimar esfuerzos en sus aplausos. 'De día y de noche, Granada sin coche. De noche y de día, menos policía' o 'El alcalde no se entera, Granada pedalea', se convirtieron en sus lemas más coreados.
Tarde de un sábado corpusino, cientos de personas por las calles de un centro entoldado y llegó la sorpresa. Los conductores de los autobuses les pitaron, los viandantes aplaudieron y algún que otro turista nipón despistado debió de pensar que Granada es... diferente. Este grupo de ciclonudistas se dejó la piel -en algunas ocasiones de manera literal- en los sillines de sus bicicletas para pelear por un centro con menos tráfico y más respeto a los ciclistas. Empezaron como acabaron, pedaleando por una ciudad más adaptada a los ciclistas. Y sin ropa.