Sr. Director de IDEAL: Hace seis años llegué a Monachil y me encontré un pueblo entre montañas , decidí comprar una casa y compartir mi vida con los que allí habitaban.
Comencé a disfrutar de esos amaneceres con el sonido de los pájaros , las campanadas de la iglesia tocando el Ave María, con las personas que comenzaban su día laboral con tranquilidad y los niños yendo al colegio.
Los fines de semana cogía mi mochila y comenzaba a caminar, dirección los Cahorros.
Allí encontré a mucha gente del pueblo, y de fuera que, como yo, disfrutaban de un paseo por este paraje natural. Todo esto se está desvaneciendo, cuando te enteras que los niños de Monachil no tienen una escuela digna, estudian sin calefacción pasando frío en los inviernos crudos de la sierra, y todo por una mala gestión de los que viven calentitos en el Ayuntamiento, el egoísmo les nubla las mentes y les hace perder la cabeza creyéndose el amo del cortijo.
Aquí no queda la cosa; lo peor está por llegar, además de la masiva construcción, sin un control de estética, como en toda España, pero no por ello justificable, ya que Monachil es casco antiguo deberían cumplirse todas las normas a la hora de construir. ¿O es que no tenemos?
La noticia del teleférico, nos llega como un cubo de agua fría.
Unos empresarios anuncian que la última tecnología llega a Granada uniéndola con las pistas de esquí, pasando por un paraje de ensueños, y donde los pasajeros disfrutaran de las vistas, relajándolos hasta llegar a la primera parada donde podrán comprar en cualquiera de los establecimientos del Purche, parque natural, ¿Din, don, din!
Parada en Prado llano.
Y todos olvidaron que las mañanas tranquilas donde un montón de visitantes hacen uso de ellas como turismo rural, se conviertan en un vaivén de camiones gigantes cargados de cemento. ¿Queremos espantar el turismo de calidad, que tanto reclaman nuestros políticos? Estamos encarcelando el futuro, esto si que es una pena.