Tenemos en Monachil uno de los valles más bonitos y visitados de la sierra. ¿Quién no conoce 'Los Cahorros'? Tenemos en Monachil la segunda estación de esquí más potente de España. Tenemos 87 Km de pistas para que se deslicen por ellas los esquiadores de todo el país, pero no tenemos un simple tobogán de 3 m. para que se deslicen nuestros hijos, porque entre otras cosas no tenemos ni un pequeño parque o plaza pública en condiciones. Lo que sí tenemos, gracias a la estación de esquí, es uno de los ríos más contaminados de Andalucía y un Ayuntamiento con un abultado presupuesto. Lástima que no sepamos para qué sirven ambas cosas. El colegio, de 1924, se cae a pedazos mientras los niños estudian con las chaquetas puestas para no coger una pulmonía en el crudo invierno. Les vendrían bien uno de esos bonitos equipos que llevan los esquiadores, guantes y gorros incluidos. Nos van a hacer ahora un magnífico teleférico de 19 Km, el más largo del mundo y del universo, por descontado. Se ve que han pensado que como el río ya está contaminado no importa ahora destrozar toda su cuenca desde que nace en la estación de Pradollano hasta que muere en la vega de Granada. Nos dicen que hay muchos atascos y demasiados coches en Sierra Nevada. Nos dicen que se van a generar muchos puestos de trabajo. Pero no nos dicen que ese problema se resolvería fácilmente con un buen sistema de transporte colectivo. Autobuses eléctricos, por ejemplo, que puede que no sean tan glamourosos como el teleférico más largo del mundo pero serían una solución sencilla sin necesidad de destrozar nuestras montañas. Y tampoco nos dicen cuántos de esos puestos de trabajo van a ser contratos precarios y temporales, de esos que se estilan en la estación de esquí, de seis meses y mirando al cielo, porque, con esto del cambio climático, igual no nieva y de patitas en la calle. En fin, llegará el progreso a Monachil y lo hará en forma de torres de hasta 100 m. de altura, cables, cabinas, estaciones, desmontes y tendidos eléctricos. Paseando por 'El Purche', la otra tarde, me encontré una pareja de águilas reales. Estaban haciendo las maletas y me preguntaron a qué esperaba yo para hacer lo mismo. No supe qué contestar.