Miguel Ángel Zapata (Granada, 1974) presentó ayer en la Feria del Libro su volumen de microrrelatos 'Baúl de prodigios', en un acto en el que estuvo arropado por el escritor Ángel Olgoso, uno de los principales exponentes del género en España. Esta obra, editada por Traspiés, es la segunda del autor, que en 2003 publicó el libro de relatos 'Ternuras interrumpidas (fabulario casi naïf)'.
'Baúl de prodigios' guarda casi 150 minicuentos que el autor define como «surrealistas». Zapata resalta que, aunque de tema fantástico, su estructura narrativa es la opuesta a la tradicional en ese género: en lugar de iniciarse en una realidad a la que le surgen elementos imaginarios, estos relatos «parten de presupuestos imposibles o surrealistas que después adquieren lógica. Es lo que hacen los niños cuando juegan: no intentan encontrar una coartada racional a lo que hacen, sino que el juego tiene su propio sentido». En su obra habitan «la muerte vista desde un punto de vista fabulador», «objetos que cobran vida», «locos que sueñan, criaturas imposibles y arrebatos metafísicos». «Un batiburrillo temático», admitió.
Zapata, profesor de Geografía e Historia en un instituto de Madrid, lleva escribiendo «media vida», pero sólo hace cinco o seis años empezó a considerar que había encontrado «un estilo, una voz». Algunos galardones confirman la validez de su hallazgo: ha recibido los premios Villa de Iniesta, Memorial Domingo García, Miguel Cabrera y Mieres por algunos de los cuentos incluidos en su primer libro publicado.
Admirador de Gómez de la Serna, Kafka, Istvan Orkeny o Heriberto Hernández, Zapata asegura que no reconoce influencias «conscientes» en sus microrrelatos.
Cuento y novela
El autor reconoce que la «microficción» está de moda, pero a su juicio ello no se debe tanto a la falta de tiempo de los lectores como a su creciente exigencia: aunque cree que William Faulkner exageraba cuando dijo que todo novelista es un cuentista y poeta fracasado, asegura que para escribir versos y relatos se necesita la precisión de un relojero, mientras que la redacción de historias largas admite «bajadas de tensión y capítulos de transición». A veces los lectores pueden «saltar páginas o párrafos» sin menoscabo del sentido general de la novela. Todo eso no quita para que entre los proyectos literarios de Zapata también haya una novela.