Jesús Ortega presenta el que es su primer libro de cuentos, 'El clavo en la pared' (Ed. Cuadernos del Vigía). El encargado de los talleres de escritura '30 horas de relato breve' presenta una serie de diez historias, que abordan asuntos relacionados con «el amor y el desamor, con las relaciones humanas».
-¿Cómo son los cuentos de 'El clavo en la pared'?
-Son historias que tratan temas clásicos, esenciales, repetidos y muy reconocibles por cualquier lector. No son modernos ni de cierto costumbrismo urbano ni al estilo pop. Van de historias que tratan de emocionar, una serie de relatos que me conmueven a mí y que pretendo emocionen al lector.
-¿Dónde encuentra esas historias de la vida?
-Como dice Augusto Monterroso, la vida es un árbol frondoso que si lo agitas caen las historias a puñados, y el escritor lo que hace es recoger del suelo aquellas historias que lo conmueven o que le interesan, y son aquellas con las que escribe su obra. Mis historias surgen de asuntos que he vivido, que me han contado, que he presenciado o que he imaginado, pero son pura ficción.
-¿Cómo se plantea los relatos y qué debe tener un buen cuento?
-Son cuentos que homenajean a esa tradición que tiene Chéjov y que continúa en Aldecoa, porque estos dos autores tienen una forma de escribir cuentos que me interesa mucho. Por otra parte, me encantan los cuentos 'puzzle', los cuentos enigma, los cuentos juego, pero no sigo esa línea sino la tradición clásica de contar una historia. Los cuentos tienen que contar una historia precisa y fijarse de entre todos los asuntos del devenir de la vida humana en uno concreto y que sea relevante, intenso y breve. Mis cuentos intentan tener todo eso y juegan tanto con lo que dicen como con lo que callan. Mis historias acaban abiertas, ambiguas, sutiles y flotantes, y no son cuentos cerrados que contengan una trampa final.
-¿Está de acuerdo con Ana María Matute en que 'el cuento se parece a la poesía'?
-Sí, porque la forma de abordar un cuento, aunque yo no escribo poesía, tiene mucho que ver con la creación poética en lo que ataña a la composición, la estructura y a la forma de concebirlo. El cuento y el poema se conciben a modo de frases, y también hay que sintetizar y que sean lo más expresivos posibles con las menores palabras. Pero hay una diferencia fundamental, que consiste en que no siempre un poema cuenta una historia, y una condición fundamental del relato es que tiene que contar una historia.
-¿Por qué permanece el elogio al tocho y se considera al relato un género menor desde las editoriales?
-Sigue existiendo el elogio al tocho. No creo que los lectores españoles no estén capacitados para leer cuentos, porque sí lo están los hispanoamericanos y norteamericanos, donde se le presta mucha atención al cuento. Creo que al cuento en el mercado editorial español le pasa como a la televisión, y si a los lectores les ofreces cuentos, los leerán. Para el escritor es más difícil el relato, porque hay que comenzarlo muchas veces, y en una novela te instalas en la historia y la sigues. El cuento requiere más esfuerzo que la novela. No acabo de entender el elogio al tocho, porque el formato del cuento está muy ajustado a los tiempos en los que estamos y tiene todas las características para ser el género del futuro.
-¿Están proliferando en Granada los relatistas?
-Granada está empezando a ser, además de una ciudad de poetas, de narradores y especialmente de relatos breves. En torno a los talleres de Cuadernos del Vigía se ha ido creando una hornada de narradores de relatos muy buenos y que están rompiendo, y que no están suplantando la tradición poética sino situándose junto a ella. Es un momento oportuno para crear en Granada una 'movida' relacionada con el relato corto.
jltapia@ideal.es