La ciudad sanitaria Virgen de las Nieves, integrada por los hospitales Ruiz de Alda, Materno Infantil, Traumatología y san Juan de Dios, utilizó medicamentos por valor de treinta millones de euros en 2006. Cuatro años con el mismo gasto darían para construir otro hospital idéntico al que se levanta en el Parque Tecnológico de la Salud. O para dotar de material sanitario al futuro hospital Clínico. La salud de los 44.000 granadinos ingresados anualmente en cualquiera de los hospitales del complejo sanitario del Virgen de las Nieves bien valen ese dinero y más. Pero lo más curioso de estas cifras es que sólo un 4% de los enfermos consumieron el 70% del dinero destinado a medicamentos. Mil ochocientas personas tomaron fármacos por valor de 21 millones de euros frente a los 44.000 que se llevaron los nueve millones de euros restantes destinados a medicamentos.
Estos 1.800 enfermos no están ingresados. Son pacientes crónicos con enfermedades como sida, cáncer y hepatitis C ó B, entre otras patologías, que acuden de forma semanal o mensual a la farmacia del hospital para retirar sus cotizados medicamentos. Existe una consulta para estos pacientes abierta a mediados del mes de enero de 2006. Un farmacéutico controla que estos enfermos se toman los medicamentos como deben y cuando deben. Y colabora con el médico responsable del paciente manteniéndolo informado sobre el efecto de los fármacos en cada individuo y si éste lo utiliza de forma adecuada.
El jefe de la unidad de Farmacia del 'Virgen de las Nieves', Miguel Ángel Calleja, es el máximo responsable de que por primera vez en muchos años se pueda dar todo el servicio de medicamentos necesario para todos los pacientes sin que haya crecido el gasto farmacéutico, gracias a la colaboración del resto de profesionales del hospital. Ha puesto el servicio 'patas arriba' con la finalidad de mejorar la seguridad en el uso de los fármacos y cuando es posible, al menor coste. Sólo en el pasado año se metieron en el bolsillo 650.000 euros y en 2007 «esperamos ahorrar unos 470.000 más», mediante la elaboración de preparados individualizados en el área de farmacotecnia.
La fórmula magistral para reducir el gasto en farmacia, el segundo más grande del hospital, ha sido gracias a la robotización del servicio y la individualización de los tratamientos. Las plantas de los hospitales dejan poco a poco de tener medicamentos en sus estanterias. El médico ni siquiera escribe recetas sobre el papel. Y la administración de fármacos está totalmente individualizada.
Los servicios del hospital han empezado a instalar botiquines automatizados. Son máquinas cargadas de medicamentos que se abren sólo al identificar una clave secreta del profesional sanitario y para facilitar exclusivamente el comprimido, el inyectable, o el jarabe solicitado. Seguridad y control. Avisa si el fármaco está cerca de caducar y son infranqueables.
Receta electrónica
La receta electrónica ha permitido a los médicos comunicar mediante una intranet los fármacos que necesita cada paciente ingresado en la ciudad sanitario al servicio de Farmacia. El sistema de momento funciona en la tercera parte del complejo sanitario y se implantará en su totalidad durante éste y el próximo año. El farmacéutico recibe la orden del fármaco que debe administrar a cada enfermo y después ordena a una máquina su preparado. Antes ha tenido la posibilidad de mejorar la dosis e incluso el fármaco recetado si comprueba que éste es incompatible con otro que también estuviera tomando. El farmacéutico tiene acceso a todo el historial del enfermo.
No sólo eso. También disponen de un servicio para medir el nivel del medicamento en sangre. Es decir, en ocasiones, los fármacos no surten efecto porque las concentraciones en sangre de estos compuestos son muy bajas o pueden generar inseguridad porque sean muy altas. Si se conoce este extremo basta con elevar o disminuir la dosis o cambiar el medicamento para que resulte efectivo. «Hemos logrado mejorar la calidad del servicio mediante este sistema, evitamos errores y ahorramos costes», dice Calleja.
Las joyas de la corona de la Farmacia son dos medicamentos: el omalizumab cuyo coste al mes asciende a 6.000 euros y el bonsentan de 3.000 euros cada treinta días. Uno y otro lo toman sólo 15 pacientes.
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