Sr. Director de IDEAL: Días pasados conocí con profunda tristeza, de la muerte de un artista granadino artífice de la luz y las sombras recreadas con imaginación y lirismo, a través de un medio del que era un reconocido maestro: la acuarela.
Ignoro si la noticia de su muerte trascendió poco, ocasionando con ello el desconocimiento del hecho y la carencia de la consecuente reacción pública de parte de alguna asociación pictórica, de los miembros de su gremio, intermediarios, amigos o de buenos aficionados que lo conocimos y admiramos, que descubrimos sentimientos a través de su pintura y de la música de la que era un gran aficionado. Porque de su inclinación y apego al arte armónico algunos aprendimos mediante charla amena e instructiva, amar y conocer a los mejores compositores, a las diversas orquestas y a los más exquisitos intérpretes y directores de la llamada música culta.
Gran dominador del medio pictórico, mientras ejercía su cotidiana faena, era capaz de conversar, comentar y discutir los últimos adelantos técnicos de los aparatos de alta fidelidad, escuchar algún aria de Pavarotti, e incluso hacer sus pinitos en el 'bell canto', del que era terriblemente aficionado, sin que por ello su obra se viera mermada un ápice en su extraordinaria soltura y fascinante expresividad.
Espléndido en su concepto crematístico, en ocasiones fue capaz de adaptar el precio de su obra al aficionado carente de recursos, enamorado del rincón, o del paisaje envolvente, casi mágico, que tenía antes sus ojos y por el que se había mostrado tímidamente interesado, pensando que no podría pagarlo.
Maestro de la luz y las sombras, como le denominó un experto aficionado con motivo de una exposición en una sala de arte de Granada. Entusiasta del mundo del yoga y espiritualista, demostró a través de íntimas charlas y comentarios, su alta sensibilidad y conocimientos del tema. Se documentaba con la vida y la obra de diversos yogis de la India, mostrando su respeto y admiración por la filosofía y tradición oriental.
Artista en suma, lleno de sencillez, delicadeza e intuición, capacitado para traspasar las fronteras con su personalidad y su obra.
Te echaremos de menos, Rafa; extrañaremos tu pintura, tus transparencias, tu sensibilidad, tu conversación, tu compañía, tu talento y tus conocimientos. En tu memoria trascenderemos la materia como tú has hecho, y volveremos a evocar paisajes de cuento, de naturaleza encantada, de efectos increíbles y demandaremos aunque sea internamente, el reconocimiento que por méritos propios y por tu arte, mereciste en vida, y que por avatares de la misma, te fue negado o no suficientemente reconocido, salvo por tus amigos, e incondicionales. Te recordaremos con cariño.