Jueves, 26 de abril de 2007
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ALMERÍA

VIVIR
Una vida en un e-mail
El Defensor del Pueblo Andaluz y la Policía evitan que se autolesione un niño que anunció su suicidio en Internet
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ENTRE el 'spam' y la rutina, estaba el 'e-mail' que valía una vida. Un adolescente con el ánimo en ruinas por una ruptura sentimental arroja un botella con un mensaje dramático al mar de Internet. Su chica, el último asidero que le quedaba, acaba de dejarle y no quiere ni puede continuar adelante. La idea de morir le atrae.

Parece un arrebatado cuento romántico, pero el suceso es real. Ocurrió en una ciudad andaluza y, afortunadamente, todo acabó bien.

El inquietante 'ciberSOS' llegó al ordenador de una amiga -también quinceañera- del chaval desesperado. La chica 'chatea' con el muchacho y se asusta. Algo en la conversación tecleada le convence de que su interlocutor va en serio. Y ya siente pánico.

Cautela y alarma

Entonces marca el número del Teléfono del Menor de la Oficina del Defensor del Pueblo Andaluz. Instantes después el titular de esa institución, José Chamizo, está al tanto de la situación. «Mi primera reacción fue pensar que podía tratarse de una trastada, de una broma de adolescentes. Pensé que no debíamos precipitarnos y pedí a mis colaboradores que volvieran a contactar con la chica para tener más detalles y actuar en consecuencia», explica Chamizo, que no quiso dar ningún dato que pudiera comprometer el anonimato del implicado.

Tras esa segunda gestión, las alarmas chillaron desbocadas. El muchacho dijo que pensaba matarse en un paraje industrial abandonado y sepultado bajo el óxido. A Chamizo le vino a la mente un juego de ordenador en el que un niño se suicidaba en un lugar como el descrito. «Había visto el juego hace poco en casa de unos amigos y me preocupó mucho la coincidencia. Estaba claro que había un riesgo evidente», recuerda el Defensor del Pueblo Andaluz.

Una casualidad que, a la postre, acabaría por ser decisiva, lanzó una carrera contra el reloj para intentar localizar al chico.

Chamizo avisa al Grupo de Menores de la Policía Nacional (Grume) -«que, dicho sea de paso, hacen una labor extraordinaria»- y, en un lapso de tiempo «relativamente corto», hallan al protagonista de esta historia.

El chaval está sentado en un banco de una plaza solo y abatido. Los agentes se acercan a él física y psicológicamente y consiguen desactivar sus planes. «El niño admite que sí, que es él el que se quería suicidar, pero también dice que ya no va a hacerlo porque hay alguien que se ha preocupado de él. Sufre un trastorno bipolar -una enfermedad mental en la que se alternan periodos de euforia desmesurada con depresiones brutales- y, además, sus padres están en proceso de separación. Todo son dificultades y él quería llamar la atención, era su forma de pedir que se ocuparan de él. Sus padres, y la verdad es que es triste, no se hicieron cargo de él hasta las dos o las tres de la madrugada», se lamenta Chamizo.

Hacer los deberes

Sin embargo, y bajo la tutela de las instituciones, la situación mejoró rápidamente. «Las cosas están ahora bien en la familia: el joven está en tratamiento...», se congratula el Defensor del Pueblo Andaluz.

Nunca antes -«y por fortuna»-, Chamizo y su equipo se habían enfrentado a un problema tan complejo. «Aunque la verdad es que al Teléfono del Menor llaman casi para todo. Unas veces denuncian temas terribles: agresiones de padres a hijos o del padre a la madre... Y otras, nos piden ayuda para hacer los deberes».

 
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