Lunes, 16 de abril de 2007
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GRANADA
Con mucho pasado y poco futuro
Se cumplen ocho años del cierre del emblemático hotel Washington Irving, sin que haya cuajado todavía un proyecto de rehabilitación
Con mucho pasado y poco futuro
DECADENCIA. Fachada principal del hotel Washington Irving, cuya entrada está llena de basura.
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JUAN CARLOS, el vendedor de libros y 'souvenirs' en el local que hay en un lateral del hotel Washington Irving, es el que más cerca está de la decadencia del establecimiento. Cuando le preguntamos si sabe algo nuevo sobre ese hotel que lleva ocho años cerrado, pone la vista en el infinito y exclama:

-¿Cualquiera sabe! Hace poco que oí que querían rehabilitarlo, pero no sé, debe haber algún problema.

La historia del cierre de este hotel, uno de los más emblemáticos de Granada, allá por 1999, acarrea la pena de toda esa generación de granadinos que alguna vez lo visitaron o de esos viajeros que algún día se hospedaron en él. Pasear por sus aledaños y ver la antigua recepción donde un día el pintor Fortuny o la escritora Helen Nicholson pidieron una habitación, llena de basura y de polvo, produce una gran desazón interior.

En el suelo en el que se levanta el hotel existía desde el siglo XVIII una fonda llamada 'Los siente suelos'. En ella se instalaron prácticamente todos los viajeros románticos que visitaron nuestra ciudad un siglo más tarde. Hay quién dice que el propio Washington Irving, el escritor norteamericano autor de Los Cuentos de la Alhambra', se hospedó en ella durante dos o tres días en el año 1829, hasta que el gobernador de la Alhambra le cedió las instalaciones del recinto para que las utilizara. Lo que sí es cierto es que en más de una ocasión en esa fonda Washington Irving quedaba con Mateo Jiménez, su guía y verdadero inspirador de los cuentos, para que le contara las leyendas que había sobre el monumento.

La escritora Helen Hicholson nos describe en su libro 'Muerte al amanecer', cómo durante la Guerra Civil en aquel establecimiento en el que ella se hospedaba, que ya llevaba el nombre de Washington Irving, cayó una bomba y mató a una conocida granadina que estaba embarazada con dos criaturas.

Época dorada

La época dorada de este hotel se vivió durante los años sesenta y setenta. Por entonces el propietario era Antonio Velázquez Carmona. Su cercanía de la Alhambra era un reclamo para cientos de turistas que todos los días llenaban sus habitaciones. Cientos de parejas celebraban allí sus banquetes de boda y en el establecimiento se celebraban todo tipo de actividades sociales. «El Hotel Washington Irving era una referencia para todo el que quería comer bien», dice Miguel García Ayala, único restaurador español que figura en el libro de honor de la cocina francesa y que regenta el afamado restaurante 'el Olivo', en Castillo de Tajarja. Miguel García trabajó allí de pinche de cocina en el año 1962 y recuerda de aquella época de esplendor en que había más de treinta empleados. «Allí se hacía el mejor consomé que yo haya probado nunca, con ese color de néctar y oro que procedía de lo muchos productos que se echaban en la marmita, la cual estaba todo el día cocinándose a fuego lento».

Eran tiempos en los que la mayoría de los clientes eran norteamericanos. «Por la mañana hacíamos montones de platos de 'beicon' y huevos fritos. Y mucho café americano», recuerda Miguel, que dice que aquellos años aprendió mucho de los que allí trabajaban. Pepín, La Nena, Clotis, Miguel, Manolo, Simón... son personas que se han grabado en la nostalgia de Miguel García.

Decadencia

A la muerte de Antonio Velázquez Carmona, el hotel lo heredan sus tres hijos. En 1996, las deudas del local asciende a casi cuatrocientos millones de pesetas. Caja Madrid era la entidad a la que le adeudaba la familia Velázquez tal cantidad. El establecimiento sale a subasta y es la cadena catalana Hotusa (Hoteles Turísticos S.A.) quien lo obtiene por 210 millones de pesetas.

Antonio Velázquez Muñoz optó entonces por administrar el establecimiento y mantener la pugna legal con Hotusa para hacer valer los derechos que, en opinión de sus letrados, le asistían como arrendatario del mismo, según se escribía en este periódico. Velázquez Muñoz dirigió de hecho el hotel durante dos largos años y en sintonía con los trabajadores consiguió plena rentabilidad para el mismo y que, pese a todos los imponderables, mantuviera para muchas guías turísticas el marchamo de establecimiento con encanto, uno del escaso centenar de hoteles que en España está distinguido con este apelativo. «La verdad es que todos los que trabajábamos en el hotel durante esa época suplimos con creces con nuestra labor las carencias que cualquier turista podía detectar en el inmueble y que por otra parte eran evidentes», señalaba por entonces José Aguilar, empleado de allí. Este comentaba a este periódico que Velázquez Muñoz ejerció durante esos años el control y administró correctamente la empresa, a juzgar por los resultados obtenidos. Por unos meses se abrió la esperanza de que este establecimiento iba a seguir.

Desahucio

Los recursos legales interpuestos ante el juez por Velázquez Muñoz dilataron la toma del control del Washington Irving por Hotusa durante más de dos años, al final de los cuales -el 23 de diciembre de 1998- un alzamiento judicial puso fin a esta historia. «El desalojo se produjo ordenadamente y sin ningún tipo de problemas», subrayaba Aguilar, quien también precisaba que desde ese mismo momento propietaria y sindicatos iniciaron conversaciones para conocer los planes empresariales y el futuro de la plantilla.

Tales negociaciones bilaterales concluyeron, con un acuerdo satisfactorio para ambas partes: Hotusa se comprometía a mantener la plantilla con las condiciones laborales que ésta tenía. Los trabajadores que pudieron prejubilarse lo hicieron, y los demás fueron empleados en otro hotel que la cadena tiene en la capital: el Juan Miguel.

Desde entonces, hasta hoy.

 
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