Lunes, 9 de abril de 2007
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OPINIÓN

TRIBUNA
Ángel Olgoso
EN la villa de Maracena han tenido la feliz idea de crear un premio internacional de relatos de terror, el primero que existe en nuestro país de esta índole, y en su convocatoria inicial el libro ganador fue 'Los demonios del lugar' de Ángel Olgoso.

Ahora, la obra acaba de publicarse y puedo asegurar que hará las delicias de numerosos lectores. Porque, desde luego, hora es ya de que el gran público conozca a este gran narrador. Aunque, pese a su timidez, que le hace frecuentar poco el mundo literario, no carece de un grupo escogido de seguidores que lo buscan con lealtad y lo leen con admiración desde que inició su andadura con el libro 'Nubes de piedra'. A éste siguieron los títulos, todos ellos de relatos, 'Los días subterráneos', 'La hélice entre sargazos', 'Granada, año 2039', 'Cuentos de otro mundo' y 'El vuelo del pájaro elefante'. Pero era necesario, como vengo diciendo, que su obra apareciese en una editorial de amplia distribución y, merced al premio, ahora lo ha conseguido.

Se inscribe Ángel Olgoso, muy con arreglo a su aire céltico y elegante, en la tradición anglosajona. Tras 'Los demonios del lugar' se aprecian las lecturas de los narradores góticos del XIX y comienzos del XX y también de Poe (véase el relato 'Ratibor') y de Lovecraf. Sin embargo los autores que más planean sobre el libro son Borges y Kafka.

Pocos escritores en nuestro país poseen tanta agilidad como Ángel Olgoso para entrar en acción en unas líneas y salir airosamente de la misma antes de que la página haya finalizado. De este modo, siempre que se habla de microrrelato nuestro autor constituye una referencia inexcusable. Aunque en 'Los demonios del lugar' encontramos textos de muy desigual extensión y algunos de ellos pudieran ser la primera página de una gran novela. Y, desde luego, a todos los unifica el hecho de estar regidos por la sorpresa y por un verdadero derroche de imaginación.

Utiliza Ángel Olgoso un lenguaje atrevido que acude frecuentemente al neologismo y se apoya bien en la tradición. El léxico es abundante y culto y las descripciones paisajísticas resultan siempre de un alto valor poético. Ello explica que frecuentemente aparezcan símiles y metáforas de gran brillantez.

Gusta el autor más de la sugerencia que de la concreción y tienen cabida en los relatos de 'Los demonios del lugar' las más distintas ambientaciones y la más increíble variedad temática: así lo inquietante se da la mano con lo lírico, las páginas autobiográficas (relato 'Estorninos en la higuera') con las de atmósfera onírica ('Lucernario'), lo monstruoso con la fantasía histórica En suma: que lo único desterrado de este libro es el realismo simplón, lo cual aleja completamente a Ángel Olgoso de esa aburrida corriente literaria contemporánea que, en España, amparada por el poder, se nos pretende mostrar como único modelo posible desde hace décadas. El narrador de 'Los demonios del lugar' es un loco de la Literatura y pertenece a ese género de artífices con una formación enciclopédica y un gran amor al pasado, algo totalmente en las antípodas de quienes consideran que más atrás de Galdós o Campoamor nada existe. Toda una lección de alta escritura.

 
Vocento

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