Sábado, 3 de marzo de 2007
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Tijuana y tacón... ¿Qué lástima que se fue!
Julieta Venegas encandiló a Granada en el Palacio de Congresos, en un concierto que reunió a unas mil personas
Tijuana y tacón... ¿Qué lástima que se fue!
MONTAJE. Julieta Venegas, en un momento del concierto que ofreció ayer en el Palacio de Congresos de Granada.
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POR primera vez nos llegó Julieta Venegas estrenando su nuevo estatus de estrella 'hispanocantante'. La delicadeza de la señorita que vino hace algún tiempo a Almuñécar para cantar en el ciclo 'Mujeres en el Mediterráneo' se ha convertido ahora en seguridad escénica bien disimulada bajo su candorosa imagen y su golosa manera de cantar. Pisa fuerte y de tacón, muy alto y de charol para más brillo. Ya no lleva a Los Ronaldos por detrás, ni a Mastretta, su pareja de entonces y esforzado introductor por aquí, sino una solvente banda de acompañamiento internacional acorde a su nueva situación de 'starlette' de sonrisa y frágil, apariencia 'de plástico fino' y hierro por dentro, de diva divina.

Nunca ha sido el Palacio de Congresos un buen lugar para la comunicación, ni musical ni de la otra. Y eso que el afectuoso público ya la recibió a los coros de '¿Viva México!', (eso sí, sin el apelativo 'cariñoso' de Villa, ya que el personal era bastante más educado que el de los Tigres del Norte). Y en tono mayoritariamente agudo ya que las voces eran en gran parte femeninas; público con el que ha sintonizado perfectamente de tú a tú y al que cuenta cosas me temo que compartibles por todas, como las historias de, por ejemplo, 'Canciones de amor', un suceso de pareja cinco minutos anterior al 'Qué lástima pero adiós' que la ha hecho tan famosa. Se necesitó ese plus de confianza para poder vencer la frialdad que impone el rigor de la sala y su gigantismo, y un público tan efusivo como la cantante («¿a ver ese 'groove' granadino!», dijo ella tan internacional), gente, que llenó medio Palacio dispuesto a halagar a Julieta con sus repetidos piropos arrojados al escenario con reverberación de cueva.

La peculiar manera que tiene de interpretar, sobre todo por su pronunciación tan personal y una extraña acentuación musical en su fraseo, unida a sus arrebatos y quiebros de raza y cierta dejadez vocal, caracterizan su expresión vocal, en la que no crean que es muy fácil meterse por su singularidad. Las anómalas musicalizaciones de algunas de sus canciones la hacen inconfundible (con recuerdos aquí a los colombianos Aterciopelados y a la bilbaína Fania), y no siempre son tan asequibles como los estribillos que la han hecho famosa; ahora, que el que consigue entrar en sus peculiares canciones, cada día más identificables con su país, es de una lealtad de juramentado.

Directora

Ella misma dirige la función galopando todo el escenario con trote percherón (¿los tacones!) o colgándose el acordeón sobre un nivel lateral. Despejando el frente para que tres pantallas redondas alegren también la vista, sacando a pasear un caracol en 'Lento' o con un curioso efecto de ojo de buey para 'Oleada', proyecciones que como la luz y la ropa parecían muy cuidados y meticulosamente preparados para acompañar sin interferir.

Abrió con un 'Eres para mí' altamente tecnificado, que como todo el repertorio se interpreta acompañado de orquestaciones de bote y resultones efectos especiales de teclados, como debe de ser en un fenómeno de casi masas. Pero no siempre es así y al lado del convencionalismo que requiere triunfar en la radiofórmula, hay margen de maniobra para guitarras casi punks (algo queda de su grupo Tijuana No), salidas de tono tecno-reggaetón, algo de funk incluso, y si me apuran toques continentales, que como la Panamericana van desde el tex por el norte, la cumbia por la mitad o algo de milongueo por el sur.

'Sin documentos'

La Venegas tiene mucha más miga de lo que parece. Y para el final se guarda siempre la mejor carta, ese 'Sin documentos' de Los Rodríguez que es toda una declaración de principios para los consabidos '300 millones' de hispanoamericanos.

Julieta es mucho Julieta, dura y delicada, frontera y tacón de aguja, y con un paladar múltiple que no se sabe si es de sal, azúcar o limón, pero sí que lleva ardor de Tequila gran reserva. ¿Qué lastima, pero se fue!

 
Vocento

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