Cada cierto tiempo, el cirujano plástico Manuel Sánchez Nebreda recibe en su consulta una llamada para que informe sobre los precios que cobra a sus pacientes. El telefonazo no es de Hacienda, sino del Instituto Nacional de Estadística, encargado de elaborar los datos del Índice de Precios al Consumo, el temido IPC. Y es que las operaciones estéticas forman ya parte -al igual que la ropa, la comida, el transporte o la enseñanza- de los parámetros que se tienen en cuenta para calcular la evolución del citado IPC. Eso es así porque esta actividad se ha popularizado de tal modo que ya no está reservada a clases altas o a sectores minoritarios de la población. «La extracción social de nuestros pacientes es actualmente de clase media-media-media», subraya el doctor.
Y es que las consultas de los cirujanos estéticos reciben un cada vez más nutrido flujo de pacientes. Dado que su capacidad adquisitiva no es en exceso elevada, y dado también que tienen muy claro su objetivo y su deseo, algo más del 10% de estas personas no duda en pedir un préstamo bancario para poder operarse. Es decir: aunque no dispongan del dinero suficiente para afrontar la intervención estética, su deseo de cambiar su aspecto físico es inquebrantable y les conduce a solicitar préstamos personales. Préstamos que, además, pagan muy gustosamente, pues la satisfacción por los resultados del paso por el quirófano es la nota predominante.
Hay que tener en cuenta que en Granada se celebran cada año alrededor de 4.000 intervenciones de este tipo, por lo que alrededor de medio millar de personas recurre a los bancos para financiar su operación. Es imposible de calcular el número de personas que se endeudan para tratamientos estéticos que no son operaciones.
Manuel Sánchez Nebreda es así de gráfico para resumir la situación actual: «Para cada vez más personas es habitual endeudarse para comprar un coche, para hacer un viaje de vacaciones... o para someterse a una operación estética. Puede parecer increíble, pero es así».
La tendencia más reciente en este tipo de intervenciones es, pues, la de su popularización. A lo largo de los últimos años, los precios de la cirugía estética han subido aproximadamente lo mismo que el IPC. En la actualidad, el 90% de las intervenciones tiene un coste económico que oscila entre los 3.000 y los 5.000 euros.
El cirujano estético Julio Villalba cree que, con tales tarifas, España es uno de los países más baratos en esta cirugía.
Y otro cirujano que ejerce en Granada, Juan A. Rodríguez Galindo, opina que el 'boom' de las operaciones se debe a que «todos, en mayor o menor medida, vivimos cada vez más de la imagen».
La edad
La otra gran tendencia que más se manifiesta es la de la progresiva disminución de la edad de las personas que se operan. En una mayoría aplastante de los casos son mujeres. Pues bien, son cada vez más jóvenes las que acuden al cirujano para remodelar alguna zona de su cuerpo. Así, gran parte de las pacientes son chicas de 18 a 20 años que no están satisfechas con algún aspecto de su físico y que se ponen en manos de un especialista en estética para solucionar su problema. Y en particular, destaca el segmento de mujeres que desean tener más pecho, hasta el punto de que el aumento de senos es una de las operaciones más frecuentes.
En general, son jóvenes con escaso busto -sus sujetadores suelen ser de la talla 80- que desean tenerlo más desarrollado. No son partidarias, no obstante, de un pecho excesivo. «Simplemente, quieren tener pecho», sentencia Manuel Sánchez Nebreda, quien dice que, por lo general, estas jóvenes quieren utilizar una talla 90 ó 95.
La demanda de aumento mamario mediante implantes de silicona se ha convertido así en todo un fenómeno social. Según este especialista hay tres grandes motivos para este incremento. Uno: las mujeres cuentan ahora con una mayor independencia económica y no es inusual que hayan ahorrado los aproximadamente 4.000 euros que cuesta esta operación. Dos: muchas de estas mujeres ya viven fuera del hogar paterno y no tienen que dar explicaciones a nadie. Y tres: «La gente joven tiene muy claro lo que quiere, sabe muy bien cuál es su idea y sus objetivos».
Según este relato, «muchas chicas creen que la falta de pecho les impide ponerse determinada ropa y no les permite lucir bikini durante el verano, y eso les genera un gravísimo problema de autoestima». «Lo cierto es que la operación les cambia radicalmente la vida, e incluso los padres lo dicen así: 'Mi hija es otra'», resume el cirujano.
A su entender, hay que ser muy cuidadosos con la edad de las pacientes, ya que existe una proliferación de adolescentes que se plantean operarse. Sánchez Nebreda no es partidario de intervenir a personas menores de 18 años. «También hay que tener cuidado con la publicidad, porque en muchos casos da a entender que con la cirugía todo es posible y muy fácil y sin peligro, y no es así».
Juan A. Rodríguez Galindo coincide en señalar que la edad media de los pacientes es cada vez más joven, y desaconseja abiertamente operar a personas menores de 18 años.
El cirujano Julio Villalba, por su lado, niega que las jóvenes se operen los senos por frivolidad, sino que, dice, la falta de pecho «les crea una gran ansiedad y angustia, que están muy lejos de un capricho banal».
Los peligros
El riesgo en la cirugía estética, según coinciden los tres cirujanos, existe en igual medida que en cualquier otra clase de cirugía, si bien hay algunos factores más favorables: la buena salud general y la juventud de los pacientes, el carácter superficial de esta cirugía y los excelentes anestesistas que hoy trabajan en los quirófanos. De hecho, aproximadamente la mitad de las operaciones se realiza en régimen ambulatorio, es decir, la persona intervenida puede marchar a su casa a las seis horas de salir del quirófano.
Julio Villalba sostiene que pese a los evidentes riesgos que existen, son muchos los pacientes que van «a cualquier sitio» a operarse. «Casi nadie pregunta quién es el anestesista, dónde se va a realizar la operación, con qué equipo trabaja el cirujano. Son cuestiones importantes que hay que tener en cuenta ante una posible intervención», asevera Julio Villalba.
Con catorce cirujanos especialistas en estética, Granada es uno de los referentes en esta disciplina. De hecho, atrae gran cantidad de pacientes de otras provincias como Málaga, Jaén o Almería. El buen predicamento médico de que en general goza Granada también se extiende a esta especialidad.
Perspectivas
Sobre el futuro que ahora se abre, Manuel Sánchez Nebreda cree que la cirugía estética aumentará de forma imparable en los próximos años. Y además, vaticina que los nuevos tratamientos medicoestéticos serán los más solicitados: el 'peeling', el láser, los rellenos, el bótox. «Sus efectos son menores, pero también su agresividad es menor», dice. Según ha observado, las mujeres prefieren estas técnicas cada vez más dado que las operaciones -más agresivas- suponen alrededor de un mes de baja laboral y muchas no pueden permitírselo. «Por eso prefieren algo más ligero», sentencia.
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