Miércoles, 21 de febrero de 2007
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GRANADA
El fracaso escolar condena a 700 adolescentes al año a no acabar la 'obligatoria'
La nueva ley de Educación les permitirá engancharse a la formación profesional para obtener algún tipo de titulación, una opción imposible en estos momentos Suelen engrosar los planes de garantía social donde intentan aprender un oficio, pero sin reconocimiento
El fracaso escolar condena a 700 adolescentes al año a no acabar la 'obligatoria'
APRENDIZAJE. Alumnos de la escuela taller Villanueva-Chana en el PGS de electricidad. /DIEGO MARTÍN
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Sergio tiene los años suficientes para soñar con un futuro cargado de proyectos, aunque el presente le ha vuelto la espalda tras un fracaso escolar reiterativo que le ha obligado a abandonar la enseñanza secundaria obligatoria. Su tarjeta de presentación responde a la de un chico de 16 años, integrado en un Plan de Garantía Social -PGS- tras quedar descolgado de un sistema educativo que sólo le brindará la oportunidad de obtener un certificado de escolaridad, inservible para optar a las oposiciones más elementales. Traducido: este adolescente, sin edad para ejercer su derecho al voto, aprenderá una profesión en el PGS pero no dispondrá de ninguna titulación oficial para demostrar su cualificación personal. En Granada y su provincia, 717 adolescentes han dejado la ESO para buscar su penúltima oportunidad en un PGS. Un curso antes, la cifra fue de 714, según datos facilitados por la delegación provincial de Educación.

La forma de protesta más habitual de estos chavales en los centros educativos es el absentismo, las conductas disruptivas en clase o bien la total indiferencia -son conocidos como alumnos mueble-. ¿El motivo de su desmotivación? No es uno, sino múltiple. Familias desestructuradas, problemas personales, depresiones, acoso escolar, autoestima por los suelos «Son chavales con múltiples problemas incapaces de integrarse en un sistema poco seductor para sus intereses», comenta el profesor de electricidad de la escuela TALLER Villanueva-Chana, Javier Fernández, quien dirige un PGS con 12 alumnos de edades comprendidas entre los 16 y 18 años.

Planes de garantía

La LOGSE considera estos planes de garantía social como la salida más viable para el alumnado en grave riesgo de abandono escolar. Es decir, chavales con 16 años que no dejan de acumular suspensos y con un horizonte demasiado oscuro.

El PGS les facilita un certificado donde se señala el número de horas empleadas para aprender un oficio en su nivel más elemental. Este documento carece de validez oficial para reengancharse al sistema educativo, lo cual deja a estos chavales en una situación bastante comprometida. Le quedan pocas salidas: tienen la posibilidad de presentarse a un examen de acceso para matricularse en un ciclo de grado medio de formación profesional y poco más.

«En nuestro instituto -Zaidín Vergeles- estos planes de garantía social logran que el 50% de sus alumnos se reenganchen a la formación profesional de grado medio tras un examen de acceso», advierte el responsable del departamento de Orientación Pedagógica, Ángel Amezcua. Una tabla de salvación para estos chavales, que tras abandonar los estudios de la ESO inician el aprendizaje de un oficio y a su vez completan su formación teórica en lengua, matemáticas, naturales

«Les cuesta muy poco engancharse, porque en poco tiempo descubren que están aprendiendo algo muy útil que tiene poco en común con la enseñanza recibida en el instituto». Las palabras pertenecen al director de la escuela taller Villanueva-Chana, Luis Mochón, quien acumula ya más de 15 años bregando con los adolescentes más conflictivos de las aulas granadinas. «Los chicos de ahora nos llegan mucho peor que los que recibíamos a principios de los noventa. No debemos extrañarnos porque la sociedad quizás esté peor ahora que en aquel entonces. La desestructuración familiar, en la gran mayoría, es muy fuerte».

Por esta escuela han pasado ya más de 600 adolescentes desde su puesta en funcionamiento. Algunos de estos jóvenes participaron durante tres años en la rehabilitación de la Abadía del Sacromonte o en los trabajos realizados en la Iglesia de El Salvador. «No solo enseñamos un oficio, sino que aprenden a respetar un horario, a escucharse, respetarse y ayudarse. Tratamos de inculcar una educación en valores y de que recuperen parte del tiempo perdido».

Distintos centros educativos de la provincia como el IES Severo Ochoa, Juan XXIII de Chana y Cartuja, Aldeas Infantiles, el IES Veleta, IES Emilio Muñoz e incluso los servicios sociales de La Chana han manifestado en distintos escritos dirigidos a las delegaciones de Bienestar Social y Educación la importante labor que desarrollan estos profesionales con los chavales. «El 90% logra insertarse en el mercado laboral», comenta el profesor de electricidad de la escuela.

El perfil de los alumnos es muy variado. Adolescentes con edades comprendidas entre los 16 y 18 años, hijos de familias de clases sociales bajas, medias y altas que buscan una oportunidad tras un fracaso estrepitoso en el instituto. «Lo primero que se dicen cuando llegan a la escuela es 'yo no puedo hacer esto', cuando pasan los días y comienzan a aprender el oficio ganan mucha autoestima. Lo que no tenían en el instituto».

La nueva ley de educación permitirá a estos alumnos conseguir el graduado en la ESO lo cual les permitirá acceder a la formación profesional de grado medio de forma automática. Al menos dispondrán del título más elemental.

jrvillalba@ideal.es

 
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