Sr. Director de IDEAL: ¿Para quién sale el sol en la Sagra? ¿De quién son las nubes que pasan por la Sagra? ¿Cuánto vale un paisaje de la Sagra? ¿Cuánto cuesta conservar el paisaje de la Sagra? ¿El importe de un vuelo rasante del águila en la Sagra? ¿Y la frondosidad del pino centenario o de las encinas vetustas de la Sagra? ¿Cuánto vale el aire que se respira en la Sagra? ¿Qué cuesta un atardecer sobre los paredones de la cara norte de la Sagra? ¿A cuánto estará la flor cortada de la Sagra? ¿Cómo se podría comprar una roca de la Sagra? ¿Cuánto cuesta una nevada en la Sagra? ¿Cuánto cuesta una montaña como la Sagra?
Nos gusta ponerle precio a las cosas para poder comprarlas o venderlas después. Con ello pretendemos que adquieran un valor, el que queramos. Pero ¿quién puede ponerle precio a los elementos de la vida? ¿Acaso nos pertenecen? No. La Sierra de la Sagra no le pertenece a nadie, aunque todos, de una forma u otra, tenemos parte en ella. Por eso hay que defenderla. Acotar una parte con urbanizaciones, con vallas, con asfalto, para que unos pocos -eso sí, privilegiados- puedan disfrutarla es, cuando menos, despreciable. La propiedad de la naturaleza, la de aquellos espacios, serranos o no, que tienen alguna singularidad, debería estar mejor regulada. Un papel en un registro no debería darle a nadie los derechos que puedan servir de merma de los valores ambientales.
Las áreas montañosas en particular son, con total rotundidad, los últimos reductos en donde aún se conservan los espacios menos 'antropizados'. Y la Sierra de la Sagra, a pesar de que aún no se incluya en la Red de Espacios Protegidos de la Junta de Andalucía -esto sí que es una auténtica vergüenza-, guarda todas las excelencias -entiéndanse: singularidad, excepcionalidad, seña de identidad supracomarcal, reserva biológica, referente astronómico reciente, etc -, por las que habría que haber sido más precavidos. Estas administraciones: autonómica, provincial, local, no pueden hacer oídos sordos a la ley y menos aún reinterpretarla dejando un resquicio de forma que un proyecto a todas luces de promoción urbanística, pueda pasar como una nadería de «ampliación de instalaciones turísticas». De momento, este papeleo nos puede haber costado a los andaluces en torno a 450.000 euros, o lo que es lo mismo, la friolera de 75 millones de pesetas de las de toda la vida.
Un 'informe' de impacto ambiental 'desfavorable' para rechazar el proyecto inmobiliario de Los Collados Resort S.L. debe servir también para, de una vez por todas, cerrar la puerta a los posteriores intentos de empresas inmobiliarias con nuevas aventuras para urbanizarnos La Sagra o las sierras aledañas. El siguiente movimiento es el que muchos estamos esperando: 'La sierra de la Sagra, Parque Natural'.