El rebelde Samuel Eto'o ha dinamitado el clima de tranquilidad en el que vivía inmerso el Barça desde que el círculo virtuoso de Joan Laporta empezó a rodar y a consolidarse gracias a la llegada del mejor jugador del mundo (Ronaldinho), a la conquista de dos Ligas y una 'Champions' en dos años y medio y a la mano izquierda del entrenador holandés, Frank Rijkaard, capaz, hasta el pasado martes, de gestionar una plantilla llena de estrellas y egos contrapuestos.
El goleador camerunés es como la noche y el día, capaz de aparecer como el ser más tierno y humano y al minuto siguiente el más egoísta, déspota y cruel. En su alma cohabitan dios y el diablo. Su cuerpo de gacela es capaz de dibujar genialidades reservadas a los grandes artistas con la misma facilidad con la que escupe a un adversario.
Si Samuel ha estallado, no lo ha hecho caprichosamente. Posiblemente no haya pensado lo que ha dicho, pero podemos estar seguros de que ha dicho lo que piensa. Lo más sorprendente es que haya a quien le sorprenda.
Los futbolistas son los amos del circo. Nunca pierden. Eto'o sabe que, aunque sus palabras le llevaran a un callejón sin salida, para él siempre la hay. Los clubes más importantes de media Europa le abrirán sus puertas encantados si es que alguno no lo ha hecho ya. Lo mismo le daría acabar en el Real Madrid para gritar en el centro del Bernabéu: Barça, c......, saluda al campeón. Luego una disculpa, una lagrimita y a por el siguiente millón de euros. En el fondo, el delantero camerunés es el más listo de la película. Es consciente de que el siguiente gol lo borra todo, como el próximo contrato anula el anterior.
Si el Barça quiere prolongar el tan pregonado círculo virtuoso, debe aclarar no solo el comportamiento de Eto'o en los últimos días, sino también todo lo que las declaraciones del camerunés parecen destapar: divisiones internas y favoritismos en el seno de la plantilla azulgrana. Porque los seguidores barcelonistas, que no entienden cómo uno de sus ídolos puede hacer unas manifestaciones tan desestabilizadoras, no esperan otra cosa.