La empresa Aliatar Cinema, propietaria de las salas de cine del mismo nombre que acaban de cerrar sus puertas, busca una salida que permita explotar comercialmente el edificio, ubicado en pleno corazón de Granada. El inmueble ha pasado últimamente por no pocas vicisitudes y ahora, tras la clausura de los dos cines que todavía funcionaban, tiene su futuro en el aire. El objetivo es el de encontrar un tipo de negocio compatible con las características del edificio, cuya fachada no se puede alterar, después de que el Ayuntamiento prohibiera la instalación de una discoteca.
Según las explicaciones que ayer aportó Adrián Martínez, portavoz de la empresa, el inmueble tiene un uso muy limitado dado que, por ejemplo, no se pueden abrir nuevas ventanas. Al tener catalogada su fachada, no es posible cambiar su fisonomía. Este detalle, a juicio de la empresa, deja muy mermadas las posibilidades de explotación del local. Teniendo en cuenta esas circunstancias, dijo, la intención de la empresa es dar una salida como centro comercial o centro de ocio. «No hay muchas más alternativas», concluyó.
Después de que el Ayuntamiento prohibiera la instalación de una discoteca, Aliatar Cinema espera ahora una respuesta del arquitecto para determinar qué tipos de negocios sí puede albergar el edificio. «Lo que queremos es que de una vez se desenmarañe esta situación. Nosotros, desde luego, estamos abiertos a todo», manifestó.
Sólo Juan Vida
Por ahora, el espacio situado en la parte inferior del local está ocupado por la firma Blanco, dedicada a la venta de ropa y complementos, que tiempo atrás sustituyó a una serie de pequeñas tiendas que había instaladas desde 1994, cuando el cine reabrió tras una importante reforma.
De aquella reapertura de 1994, por tanto, sólo queda la espléndida pintura mural de Juan Vida en uno de los techos.
El Aliatar cuenta con el inconveniente de que dicha catalogación le impide flexibilidad para adaptarse a las exigencias de ciertos negocios, pero cuenta con una gran baza a su favor: está situado en el ombligo de Granada.
Los tres cines Aliatar, pues, son ya historia, y con su clausura desaparece uno de los referentes imprescindibles del cinematógrafo granadino. Gran parte de su trayectoria ha estado capitaneada por Pepe Nadal, ya jubilado, uno de los hombres que más ha hecho por el cine en Granada y cuya figura no debe pasar desapercibida.
Tiempo atrás había cerrado la sala de mayor tamaño del Aliatar -la que estaba destinada a discoteca- y ahora lo hacen las dos salas pequeñas que están situadas en la zona superior el edificio.
«No hemos podido aguantar más. El cine era deficitario desde hace tiempo y la situación era insostenible. Hubo un repunte después de la reforma de 1994, pero la llegada de las nuevas salas ha acabado por hundirnos. Kinépolis ha sido la puntilla», resumía ayer Adrián Martínez la trayectoria de los últimos años.
El huracán
Además de los cines Aliatar, esta empresa también gestiona Granada 10, que funciona a la vez como cine y como discoteca. Ambas actividades se van alternando. Pues bien, Adrián Martínez reconoció que el cierre de los Aliatar deja en una posición muy delicada al Granada 10 como sala cinematográfica. Por el siguiente motivo: al contar con 4 salas, la empresa gozaba de una posición de cierta fuerza -escasísima, eso sí- ante los distribuidores para obtener las películas apetecidas. Sin embargo, tal posición se ve seriamente mermada al contar ahora sólo con el Granada 10, que quedará prácticamente estrangulado.
«Vamos a intentar por todos los medios mantener el Granada 10 como sala de cine, pero reconozco que ahora es incluso más difícil que antes ya que tenemos menos fuerza como exhibidores. Si finalmente no puede ser y debemos cerrarlo, el local seguirá funcionando como discoteca», manifestó el representante de Aliatar Cinema.
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