Sábado, 13 de enero de 2007
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CB GRANADA
Un SOS desde el mundo de Tarín
El ex jugador del Barça y el 'Cebé', techo del básket nacional en los 80 con 2,17 metros, está en paro, con «todas las puertas cerradas» y una vida «en la que no me queda nada por hacer»
Un SOS desde el mundo de Tarín
SENSIBLE. El pívot catalán Miguel Tarín toma entre manos ese mundo que 'dejó atrás'.
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SU DNI
F Nombre: Miguel Tarín Ruiz.

F Nacimiento: 24/09/1962 (Barcelona).

F Estado civil: Casado y con una hija de 24 años.

F Talla: 217 centímetros.

F Trayectoria profesional: FC Barcelona (1977-1982), TDK Manresa (1985-1987), Vic (1988-89), Mallorca (1989-90), Alcudia (1990-91), CB Granada (1991-92) y Digsa Loja (1992-93).

F Logros: Cinco veces internacional con la Selección Española absoluta. Campeón de la Copa del Rey en la campaña 1991/92.

F Otros: Fue el cuarto gigante en despuntar en el baloncesto español tras Francesc Borrel (2.11), Miguel Ángel Estrada (2,08) y Fernando Romay (2,13). Su relevo lo tomó Roberto Dueñas, un 2,21 que juega ahora en el Joventut.

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QUIEN se precie de conocer de verdad a Miguel Tarín -techo del baloncesto nacional, en la década de los ochenta, con 217 centímetros - tiene motivos sobrados para preocuparse cuando señala, con la sinceridad que siempre le ha caracterizado, que «ya no me queda nada por hacer en esta vida. No celebro ninguna fiesta. Ni la Navidad, ni el año nuevo ni el 18 de julio. Seamos claros. Siento que estoy en un ambiente hostil».

El catalán, ex profesional del FC Barcelona y del 'Cebé', entre otros, construyó, tras su retirada (1993), un cálido hábitat en el que su existencia, «políticamente incorrecta», y tan extravagante como entrañable, giró en torno a ideales tan bellos como son «la protección al reino animal», «el respeto» y «el rechazo al maltrato femenino». De hecho, llegó a presidir la Asociación Protectora de Animales y cuidó en su casa «a más de una veintena de perros», a los que se entregó en cuerpo alma y comprendía «con sólo mirar a los ojos».

Sin embargo, ahora que tiene 44 años, su vida parece quebrada. Se encuentra en paro y con la sensación de tener «todas las puertas cerradas, pues siempre dije lo que pensaba». Por si fuera poco, 'su familia' quedó reducida «por desgracia, a sólo cuatro 'fieras'. Y no me planteo tener más, pues llegó un momento en el que me di cuenta de que no podía cubrir sus necesidades. Cuando alguno de esos animales murió me quedó un vacío. Incluso, guardo conmigo las cenizas de quienes fallecieron», apunta con la solemnidad propia de su figura. Pero no crean, hay más, porque la tristeza que puede llegar a transmitir su voz es tan sórdida como una enfermedad progresiva ¿Que el eco de sus palabras retumben en algunas conciencias!

El camino que conduce a esta situación arrancó justo tras su adiós al baloncesto. «Cuando me retiré y me dediqué al reino animal me dijeron que estaba loco. Y hoy afirmo que me da más satisfacción un perro que todos los títulos que puedo tener. Yo me enorgullezco de no ser hijo de dios, sino nieto de un mono. Yo tenía una vida cómoda, vivía muy feliz, con buenos vehículos. Pero un día me compré un perro, fui a la Asociación Protectora de Animales, y empecé a pensar».

Esta apuesta no extrañó en su entorno, quizás ya acostumbrado a los gestos de un tipo tan llano como dialogante que no rinde «pleitesía a nadie» y al que empezaron a «crucificar cuando en los años ochenta, siendo jugador, defendí que se pudiera escoger una opción sexual diferente. Cada uno tiene derecho a elegir lo que le da la gana».

Ya por entonces Tarín protagonizaba una prometedora carrera en la Ciudad Condal y Manresa salpicada por acusaciones de no estar bien disciplinada. Al respecto, reconoce que «viví la movida madrileña muy profundamente. Y muchas de las personas que se jactan de haber estado allí eran los que precisamente nos lanzaban piedras a los que nos catalogaron como 'los pegamoides'».

De él se comenzó a decir «que era un díscolo, un drogado, que tenía el sida incluso pero ya me da igual, perdono a quienes buscaron sus minutos de gloria inventándose esas cosas. Si les sirvió para que fueran felices Claro que todo aquello me perjudicó, ¿pero qué voy a hacer ahora? El problema no es de quien dice las cosas, sino del que se las cree», comenta resignado.

En Granada

Cuando en 1991 Tarín llegó a Granada ya le acompañaba esa fama de persona «especial». Tras la lesión del pívot Paco Criado, el entrenador Moncho Monsalve se puso en contacto con él «porque dijo que me necesitaba. Y me vine engañado, pues a la hora de la verdad no me ponía a jugar asegurando que estaba lesionado».

Se empezaba a asentar por entonces una peculiar concepción de la vida en la que nunca dejó de echar un vistazo al basket -demuestra con alusiones que está puesto al día- y en la que se lamenta de «que a nadie le preocupe que haya mucha gente pasando hambre o durmiendo el suelo. No entiendo como podemos ser tan sensibles para algunas cosas y tan bestias para otras. Por ejemplo, algunas personas definen los toros como un espectáculo de masas que genera muchísimo dinero. Pero se equivocan, el verdadero deporte nacional son los 'puticlubs', que están siempre llenos de gente y cada vez más». Esa filosofía tan extraordinariamente humana e impropia de los tiempos que corren ya la ha 'asimilado' su familia, con quien mantiene una relación muy singular.

«No creo en el amor de madre, ni en el de padre, ni en el de nadie. No. Creo en el respeto hacia cualquier ser vivo. Yo me considero independiente a mi mujer y mi hija. Nos apoyamos. Somos tres personas que convivimos bajo el mismo techo y que nos entendemos. Tenemos cosas en común y puntos distantes. Llevo fuera de mi casa 26 años, en los que nos la hemos visto de todos los colores, y siempre ha sido así», observa.

«Colmillos y garras»

En la actualidad, «yo vivo en mi mundo», observa Tarín desde una esfera de la que envía un SOS 'a tierra' sin proponérselo, pero que alerta a todos cuantos lo admiraron y disfrutaron con su juego. «Y allí -prosigue- mis mejores amigos tienen colmillos y garras, sean felinas o caninas. Ahora estoy en Granada por los cuatro perros que tengo, única y exclusivamente por eso. Desde que los crío no he parado, porque estoy pendiente de ellos durante todo el día. Pero si fuera por dinero no estaría aquí o tendría los problemas que tengo. No digo ahora, pero en un futuro próximo sí que me iré a Barcelona, que es el sitio donde nací, también mi esposa» y donde tiene una casa en la que seguro echará en falta a su padre, fallecido el año pasado. Fue el último golpe encajado por un inigualable púgil que, por momentos, parece estar dispuesto a arrojar la toalla.

 
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