Para los mozos de almacén, para los comerciales, para los administrativos e informáticos, para las secretarias, para los gerentes Para todos. Una distribuidora de productos farmacéuticos ubicada en el polígono industrial La Rosa de la localidad granadina de Chauchina, Farmaeuropa S. A., se dedica desde hace catorce años a la distribución de medicinas por toda España. Pero ayer, repartió el mejor de los remedios. El que procura un estado de euforia pleno -aunque sea temporal- y sin efectos secundarios nocivos: un premio de la lotería de Navidad. Los dueños de esta empresa regalaron este año a cada uno de sus empleados y clientes, junto con un jamón, un décimo con el número 37.368 y los mejores deseos de suerte. El jamón, ni lo han probado. La emoción les encogió el estómago. El décimo resultó premiado con 100.000 euros, el segundo premio de la Lotería de Navidad.
En total repartieron 30 millones de euros de los 45 que la suerte dejó en la provincia granadina. El resto llegó en forma de quinto premio -73.199- en Salobreña, Motril y varios pueblos de la Alpujarra. En todos se vivió la celebración del 'pico', pero en la sede de la citada empresa se pudo masticar la euforia más auténtica.
Precisamente ayer, mientras los niños de San Ildefonso cantaban el número, los empelados de media España de Farmaeuropa se reunían en la sede de Chauchina para acudir al almuerzo de la empresa. Al coincidir esta convocatoria con la buena nueva, el festejo fue mayúsculo.
Gratitud para el culpable
Antonio Sánchez, uno de los gerentes de la firma, que cuenta con unos 70 empleados, ha sido el responsable de la locura que invadió a todos sus empelados. Él eligió el número. Y no fue al azar.
Según explicó ayer a IDEAL en la puerta de las instalaciones de la distribuidora, tienen la costumbre de comprar en la administración de lotería ubicada en la Puerta del Sol de Madrid, en El Doblón de Oro, porque el dueño es granadino y viejo amigo de los dueños de la compañía.
Este año, le enviaron la lista de números que ponían a la venta y cuando Sánchez vio la terminación 68 no lo dudó. «Ése era el número que vendía siempre un muchacho ciego en nuestro pueblo, La Zubia, y siempre lo comprábamos. Por eso no me lo pensé. Lo vi y dije: éste va a ser». Ni corto ni perezoso, confiado en su intuición, la empresa invirtió 6.000 euros en 300 décimos en el número que dio buena espina a Sánchez. «Los compramos por Internet», dice.
Otros años, en época de vacas más flacas, repartieron sólo participaciones. Pero en 2006 fueron generosos. Y la generosidad, en este caso, tuvo contraprestación. Regalaron 100.000 euros por cada décimo a sus empleados, clientes -la mayoría cooperativas repartidas por todo el país- y amigos. Ellos, los dueños, también se reservaron un pico. En total han repartido 30 millones de euros. Una cifra que traducida a las antiguas pesetas impresiona más: cinco mil millones. «16 millones de pesetas no dan para dejar de trabajar pero les van solucionar la vida a muchos de los nuestros», decía otro de los gerentes, Juan Molero, con uno de los décimos mojados de cava en la mano.
¿Campeones, oé!
«Campeones, campeones, oé oé oé !». Éste era el grito de guerra ayer de los empleados que, abrazados, daban saltos -literalmente- de alegría mientras se bañaban en champán en la puerta de las instalaciones de la empresa, recientemente inauguradas, en Chauchina.
La mayoría de la plantilla de trabajadores de Farmaeuropa es muy joven, ronda los 30 años. Por ello, los 100.000 euros que les ha regalado la empresa supone mucho para muchos. Al menos, lo imprescindible para arrancar en sus vidas.
Según explicaron dos empleadas, que no paraban de hablar por el móvil con sus familias para darles la noticia, muchos de ellos acababan de hipotecarse de por vida para iniciar sus vidas con sus parejas. «Ha dado la casualidad de que este año, precisamente, todos nos habíamos entrampados», explica María.
Pero ahora las oscilaciones del Euríbor y los vaivenes del banco central europeo ya no les va a quitar el sueño. Cuando recibieron la noticia, en plena faena matutina, a la mayoría le vino a la cabeza la innombrable: la hipoteca.
«Yo con 16 millones me la quito enterita. Pero la verdad es que me voy a guardar algo para darme un capricho. Con un pico para un buen viajecito me conformo», decía Helena entre risas. Mientras, de fondo, el tercero de los dueños y también héroe de la jornada, Arturo Raya, gritaba: «Definitivamente nos compramos el Porsche». ¿La respuesta del personal? Un buen 'manteo' con hurras. Junto a estas empleadas se encontraba, aún sumido en cierto grado de 'shock', Cipriano López. Él, como otros muchos que se encontraba ayer en la empresa, es uno de los comerciales que trabajan como satélites en distintas provincias españolas. Él es gaditano y también piensa en la hipoteca de su casa. «Yo la verdad es que ni miré el décimo. Lo recibí como siempre, lo guardé y hasta esta mañana no lo he visto. Llevo al servicio de la empresa doce años, casi desde el principio, y los dueños siempre cumplen con la costumbre de regalar lotería. Y mira por donde, este año, cuando además coincide con la comida de Navidad de los trabajadores, toca. Es muy bonito porque está repartido entre todos», celebraba este comercial.
Trampas e ilusiones
Alexis y su mujer Loli también llegaron ayer por la mañana a Granada. Él es agente comercial desde hace sólo dos años en la empresa granadina y ya ha besado el santo. «Sólo pienso en quitarme las trampas», decía. De fondo, el soniquete comenzaba a cambiar: «Sí, sí, sí El dinero ya está aquí», gritaban para que la fiesta no decayese.
Diego García, informático en Farmaeuropa a sus 26 años, también soñaba ayer en comprarse un piso con su novia, algo que le hace mucha «ilusión». Y también no se olvidó de sus compañeros: «A algunas personas de aquí les hacía mucha falta, así que estamos todos muy contentos».
Eduardo Velázquez, uno de los mozos de almacén -el grupo que más 'follón' armó ayer-, aún no tiene hipoteca y no sabe si se «meterá en una casa». Pero, por ahora lo que tiene claro es que va a liquidar las letras del coche y que sus hermanos van a tener los mejores regalos de navidad de sus vidas. «A mis padres les compraré todo lo que les gusta y nunca pueden comprarse. Igual a mis hermanos. Vaya Reyes Magos que vamos a tener este año», imagina con una sonrisa inevitable.
La fiesta vivida en la empresa fue intensa, pero no duró demasiado. Después de gastar todo el champán que tenían en la reserva, a partir de las 13.30 horas de la tarde comenzaron a marcharse del lugar los primeros empleados. Pero no para recogerse. Ni mucho menos.
La fiesta, la grande, comenzaba a la hora del almuerzo. Antonio Sánchez, orgulloso de su hazaña recompensada con miles de besos y abrazos, explicó que se iban a reunir todos en un hotel de la capital, el Tryp Albaicín, como estaba previsto. Las expectativas presagiaban un buen 'exceso' para coronar la jornada: «A lo mejor no terminamos hasta mañana. Eso sí, este año no vamos a tener que preguntar si nos fían».
rociomendoza@ideal.es