Un viejo adagio advierte que «recordar es volver a vivir», dijo Emilio de Santiago, durante la presentación del número 41 de una publicación tan excepcional como Cuadernos de la Alhambra.
Con mucha emoción, ayer en el Palacio de Carlos V, se volvió la vista atrás para rememorar los cuarenta años de vida de esta revista, todo un referente científico sobre el monumento nazarí. «Alcanzar cuatro décadas de existencia significa algo más que un voluntarioso esfuerzo de compilación intelectual. En el tiempo transcurrido desde la fundación de Cuadernos de la Alhambra en 1965, hasta el momento presente, ha existido una férrea convicción institucional por difundir el conocimiento derivado de la investigación sobre el Conjunto Monumental de la Alhambra y el Generalife, su contexto histórico, artístico y cultural», aseguró la directora del Patronato de la Alhambra, Mar Villafranca.
La aparición del número 41 es todo un homenaje a la trayectoria de esta publicación que constituye un absoluto referente. «Una revista como ésta no existe en el mundo», aseguró el arabista Emilio de Santiago, testigo del tiempo en el que Cuadernos de la Alhambra fue dirigida por su maestro Fray Darío Cabanelas.
El número 41 de esta revista que publica el Patronato de la Alhambra y el Generalife, rinde homenaje a los más de 200 investigadores que han escrito en la publicación, desde su creación en 1965, y cuyas aportaciones constituyen un pilar indiscutible para la memoria científica del monumento. Desde el fundador y primer director de los cuadernos, José Manuel Pita Andrade, a Emilio de Santiago, Manuel Casamar, Antonio Fernández Puertas, Enrique Nuere, Christine Mazzoli-Guintard, James Dickie, Joaquina Albarracín, Ángel González o Cristina Viñes, quienes a través de sus escritos han dejado constancia de su respeto y admiración por la Alhambra, así como de su sabiduría al respecto. «Esta edición especial incorpora, además, los índices de los 40 números anteriores que se van a digitalizar para facilitar el acceso y la consulta de las investigaciones y restauraciones que se han desarrollado en la Alhambra desde 1965», apuntó Villafranca. «Sin mermar el rigor científico -añadió- contamos con un nuevo formato que incluirá más fotografías. El contenido será más ligero y bilingüe, en español e inglés».
Se trata de una nueva etapa de la revista -realizada por TF Editores- que pretende divulgar la publicación entre «un público más amplio, por lo que se tratarán otras disciplinas además de la arquitectónica».
Villafranca recordó que el precio de cada ejemplar es de 25 euros y que Cuadernos de la Alhambra puede adquirirse, no sólo en la Librería de la Alhambra, sino en cualquiera de nuestro país.
Por su parte, el catedrático Emilio de Santiago llevó a cabo un entrañable y poético repaso de la historia de la revista, recordando el papel que desempeñaron algunas de las figuras claves en su trayectoria. «Cuadernos de la Alhambra vio la luz merced a la tenaz voluntad de trabajo de sus promotores y a la copiosa dosis de ilusiones que al proyecto supieron agregarle. No les disuadieron ni la precariedad de economía ni lo anticuado de los medios técnicos de que se disponía en aquel entonces». «A mediados de los sesenta -añadió de Santiago- semejante empresa venía a suponer una aventura de incierto destino. Desde este balbuceo primitivo hasta la feliz realidad actual han pasado muchos años. Muchos de aquellos adalides primeros, por no decir casi todos, ya no están entre nosotros. Queda, sin embargo, bien vivo su espíritu emprendedor y el ejemplo sostenido de su trabajo paciente y riguroso».
Emilio de Santiago recordó a figuras como Jesús Bermúdez Pareja, Darío Cabanelas, Luis Seco de Lucena, Juan Martínez Ruiz, Mª Angustias Moreno Olmedo y dedicó una palabras muy especiales al profesor Pita Andrade, primer director del consejo de redacción de esta revista, «que tiene un nombre tan bello y evocador como Cuadernos de la Alhambra».