Sr.Director de IDEAL: Con fecha 28/02/2006 este periódico publicó una carta mía bajo el epígrafe 'El IBI, pasará factura'. En ella hacía referencia al confiscatorio incremento del 33% del IBI aprobado por el Ayuntamiento en 2005, con el pretexto de que el Gobierno central no le había pagado más de ocho millones de euros como compensación de la pérdida por el IAE de 2003. Como al incrementar un impuesto para compensar pérdidas por otro, se incurriría en fraude de ley, el señor alcalde nos prometió la devolución del citado incremento cuando el Ayuntamiento recibiese la cantidad citada, es decir, que de la noche a la mañana los contribuyentes pasamos de ciudadanos a prestamistas forzosos.
Por dicho incremento, en 2005 y por lo más de 191.000 recibos girados, el Ayuntamiento ingresó 10 millones de euros más que en 2004, y a pesar de que a primeros de enero de 2006 ya había recibido del Gobierno central exactamente 8.024.662,46 euros, reclamaron 4,1 millones más, posiblemente para justificar el incumplimiento de la promesa de devolución del confiscatorio incremento aplicado en 2005, mantenido en 2006 y, según declaración reciente dela concejala de Economía, congelado en 2007.
Es decir, que de devolver ni una palabra ni un euro, hemos pasado así de prestamistas forzosos a serlo, además, a fondo perdido. Eso sí, sobra dinero para invertirlo cara a las municipales del próximo año, en obras faraónicas como las absurdas y simultáneas de la Gran Vía y Constitución, que han convertido la ciudad en un monumental atasco, la innecesarias y ahora acelerada reforma de los jardines históricos del Salón, con el pretexto de evitar las inundaciones en el Humilladero y Paseo de la Bomba (parece ignorar el edil de Urbanismo que la reciente, mínima y única que conozco se originó por no tener limpios los registros de desagüe de la zona), así como la penúltima parida de la escuela de golf de La Chana que según el regidor daría 'estatus' al barrio, y la última y no menor parida de la construcción de un puente entre la Bola de Oro y la carretera de la Sierra; todas ellas despreciando el general rechazo de los afectados.
Pero como el señor Hurtado no escucha a nadie, si recibe una crítica con más ahínco insiste en lo que la provoca, no admite sugerencia alguna y es sordo a toda queja y reclamación; su tozudez será la causa de su caída. Se aproximan las fechas en que las familias a cuyos muertos ha gravado, los conductores atracados con las múltiples cámaras espías, los ciudadanos perjudicados por el botellón y, sobre todo, los contribuyentes que año tras año son obligados a pagar un IBI confiscatorio, tienen la ocasión de pasarle la factura del mismo, pero con IVA e intereses de demora. A ver si el señor Hurtado se entera de que los granadinos también existen.
Con el ruego de su publicación atentamente le saluda,