Jueves, 23 de noviembre de 2006
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Las mamíferas maltratadas
El libro 'La revolución de nacimiento', que hoy se presenta en Granada, defiende el parto natural y denuncia la excesiva medicalización de este proceso en nuestro país
Las mamíferas maltratadas
PARTO. Un ginecólogo atiende a una mujer que acaba de dar a luz a su bebé. / IDEAL
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CUANDO una leona se pone de parto, busca un lugar seguro, íntimo y aislado. Si aparece algún 'curioso' o surge un peligro, la leona, instintivamente, interrumpe el parto y se traslada a otro lugar. Necesita tranquilidad para traer a sus cachorros al mundo. Las españolas también somos mamíferas, pero, cuando una parturienta llega a un hospital -hay excepciones: no todos son iguales- le abren una vía en el brazo, le ponen un enema y le rasuran el vello público. La dilatación transcurre en una sala fría, fuertemente iluminada y donde a cada rato alguien le mete los dedos en la vagina. A la mujer le prohibirán comer y beber. Si su parto no progresa adecuadamente -según los criterios de los profesionales sanitarios de turno- le pondrán un gotero con oxitocina, que hace las contracciones del útero mucho más dolorosas para la mamá y más violentas para el bebé. Por eso, hay más posibilidades de que la mujer pida la epidural, una anestesia que calma el dolor pero interfiere en el parto. Con su mamá tumbada boca arriba, el bebé no puede aprovechar la fuerza de gravedad para salir, por lo que es casi seguro que a la mujer le cortarán el periné y quizás el médico se valga de fórceps o ventosas para sacar al niño. La oxitocina y la antinatural posición de la mujer hacen más probable que los monitores detecten malestar fetal, por lo que quizá haya que practicar una cesárea. Pinzar el cordón umbilical antes de que deje de latir hará que el bebé se quede repentinamente sin oxígeno y su primera respiración sea casi de terror. Es probable que enseguida sea separado de su madre para limpiarlo y realizarle pruebas. Si ha nacido por cesárea, la separación puede prolongarse horas o días, biberones mediante, y será más difícil establecer la lactancia materna y más probable la depresión posparto...

Así se podría resumir 'La revolución del nacimiento. Partos respetados. Nacimientos más seguros', reeditado por Granica y que esta tarde será presentado en el Hospital Virgen de las Nieves por su autora. Isabel Fernández del Castillo, diplomada en Medicina Tradicional China tras estudiar Derecho, reúne opiniones de expertos, aporta cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y diferentes sistemas sanitarios, y recoge testimonios de mujeres, ginecólogos y matronas para denunciar la «medicalización» del parto en España.

Proceso involuntario

«El parto es un proceso involuntario, dirigido por el cerebro mamífero primitivo. No se puede 'ayudar' a que se produzca un proceso involuntario, igual que no se puede 'ayudar' a otra persona a dormirse; tan sólo pueden crearse las condiciones idóneas para que se produzca espontáneamente -señala el libro-. El parto es dirigido por la hormona oxitocina, cuya secreción queda bloqueada por la adrenalina, hormona del estrés. Y las condiciones en que transcurre el parto en los modernos hospitales incrementan notablemente la secreción de adrenalina». Por eso, no es raro que las contracciones de parto se detengan al llegar al hospital.

«Una vez inhibido el parto -continúa-, se hacen 'científicamente' justificables todo tipo de prácticas para sustituir la función de una naturaleza que en esas condiciones, obviamente, no funciona... La creencia de la obstetricia en la dificultad de nacer se confirma mediante el entorpecimiento del parto que su intervención provoca». O como resume una madre en el libro: «A mi hijo le salvó la vida el mismo ginecólogo que la puso en peligro».

Para la experta, la embarazada, que casi siempre es una mujer sana, es tratada como una «paciente», enferma, inválida e incapaz de tomar decisiones y parir a su bebé. Es decir, maltratada.

Muchas cesáreas

En España, asegura, se incumplen sistemáticamente las recomendaciones de la OMS, que desaconseja la mayoría de las prácticas que forman parte del protocolo del parto -postura tumbada, episiotomía rutinaria, inducción con oxitocina...-, ya que no se ha demostrado que mejoren la seguridad del bebé ni de la madre. La OMS también denuncia el excesivo número de cesáreas que se realizan en España, cerca del 30% en hospitales públicos y del 40% en los privados.

En Holanda, casi un tercio de las mujeres dan a luz en casa con la ayuda de una matrona pagada por la Seguridad Social. Si el proceso se complica -en torno a un 10% de los casos-, la mujer es trasladada al hospital. «El parto es un proceso lento y casi siempre que hay una complicación se anuncia con tiempo», argumenta.

Incluso si deciden dar a luz en el hospital, en Holanda las mujeres disponen de una habitación agradable, pueden estar acompañadas y tienen libertad para moverse mientras dilatan y elegir la postura más cómoda en el expulsivo, generalmente de pie o sentadas en el taburete obstétrico. Y las cifras de mortalidad perinatal en este país están entre las mejores del mundo. La situación es similar en los países nórdicos y en Inglaterra.

Seguridad y respeto

La autora asegura que «es perfectamente compatible la máxima seguridad con una atención respetuosa hacia la mamá, el bebé y el vínculo entre ambos. Se puede hacer una cesárea que sea necesaria, llevarte al bebé a observación y dárselo a la madre al día siguiente, como se hace en muchos hospitales españoles, o dárselo inmediatamente a la madre en el propio quirófano, como se hace en otros países. Es una cuestión de conciencia de los profesionales. Sólo hay que querer hacerlo y cambiar unas costumbres por otras». En general, agrega, las matronas están más abiertas que los ginecólogos a estas ideas, por lo que son esas profesionales las que deberían «recuperar su terreno».

«En España seguimos convencidos de que la tecnología es buena por sí misma y cuanto más sofisticada, mejor. Eso puede estar muy bien con un coche, pero con un ser vivo es diferente. A una parturienta, si no le haces nada, lo normal es que para ella sola. En España se piensa que lo natural es retrógrado. En otros países no hay ese prejuicio. En Holanda es normal que una médica dé a luz en casa».

igallastegui@ideal.es

 
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