Miércoles, 15 de noviembre de 2006
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OPINIÓN

PUERTA REAL
Fuente de la Bicha
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SIGUIENDO los consejos médicos, que coinciden en recomendarnos a todos, grandes y chicos, que hagamos ejercicio, cada vez son más los ciudadanos que optan por los paseos, a paso brioso, a pie, en bicicleta o incluso a caballo, por los escasos espacios que rodean la ciudad. Uno de ellos, el que antes llegaba solamente hasta la fuente de la Bicha y un poco más lejos, se había visto mejorado notablemente, gracias a una intervención respetuosa con el paisaje, que hemos elogiado en esta columna y que llega hasta Pinos Genil y más allá. Tanto éxito ha tenido entre los obedientes seguidores de los consejos médicos que ha sido rebautizado como 'la ruta del colesterol', un título poco romántico, que nada dice de sus bellezas naturales. Los fines de semana, a diferentes horas del día, según el ritmo de las estaciones, llega a estar muy concurrida, lo cual demuestra que en esta ciudad no hay muchos sitios donde ir, si uno quiere mantener a raya los peligros del sedentarismo.

La Fuente de la Bicha, legendario punto de encuentro de excursionistas y paseantes, solía ser una excusa agradable para hacer una parada y beber de sus frescas aguas, que vienen de la Sierra, en un recodo del camino, umbrío y fresco, y elegir alguna de las opciones de recorrido que se ofrecen a los caminantes en el trazado de veredas y puentes. Ya hace tiempo que esas aguas bajan arrastrando la sospecha de haber sido contaminadas por las urbanizaciones que se alzan por aquellos cerros y casi nadie se atreve a beberlas. Tampoco se han hecho las debidas gestiones para mantener viva una fuente que merece protección porque también pertenece a nuestro patrimonio natural. Algo parecido sucede con el Chorrillo de la golilla de Cartuja y aprovecho este inciso para manifestar la melancolía que me produce que cuidemos tan poco de nuestras fuentes, cuando los mitos granadinos históricamente nos han contado tantas veces el poder salutífero de esas aguas que curaban numerosas dolencias.

Como iba diciendo, ese paseo del colesterol y de la Bicha parece amenazado, como tantas cosas bellas de Granada, siempre sometidas al peligro de la destrucción y de la fealdad. Alguna mente preclara ha diseñado un puente de doble carril, una vía rápida, que atraviese el paraje, con la idea de conectar a los dos barrios que se encuentran a ambos lados del río. Pero lo curioso es que los vecinos de tales aglomeraciones son precisamente los que se oponen más radicalmente a que se convierta aquel paraje, todavía tranquilo, en un ruidoso trasiego de coches con su secuela de consecuencias contaminantes. No son sólo los vecinos, sino muchos paseantes asiduos los que se han movilizado el fin de semana pasado, para solicitar que se revise el proyecto que acabaría con la singularidad de este parque periurbano. Pero nos tememos que detrás de esa acción proyectada se encuentren los intereses especuladores que no tienen empacho en matar la belleza de los espacios naturales.

Esperemos que la cordura se imponga y se escuche a los ciudadanos, que es lo que tienen la obligación de hacer nuestros gestores municipales, antes de que sea demasiado tarde y tengamos que lamentar otro grave atentado.

 
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