HA visto alguna vez el entierro de un chino? ¿Ha leído alguna lápida escrita con los caracteres de su alfabeto? ¿Por qué estos orientales no tienen presencia en los cementerios? Para acabar con la leyenda urbana que da rienda suelta a la imaginación y hace especulaciones morbosas y de mal gusto, el Camposanto de la capital cuenta con dos nichos ocupados por estos orientales. El primero llegó al recinto funerario hace poco más de un año, y no pasó inadvertido. «Mucha gente pregunta si hay algún chino enterrado. En Granda, que recuerde, tenemos dos», apunta el responsable de Emucesa -la empresa pública que gestiona el cementerio-, José Antonio Muñoz.
Ni son inmortales, ni objeto de mafias que los intercambian por compatriotas vivos aprovechando que a los españoles nos parecen todos iguales, ni sirven para hacer rollitos de primavera. Al menos, en Granada, no resulta válida ninguna de estas explicaciones. Eso sí, encontrarlos en el cementerio sigue resultado infinitamente más complicado que entender qué es exactamente el plato de 'hormigas subiendo por el bambú' que luce en el menú de sus restaurantes.
Los españoles luchan contra las tradiciones de un 'Halloween' repleto de calabazas agujereadas a fuerza de castañas asadas y visitas a los cementerios. Y los chinos combaten, a su manera, las tradiciones granadinas. Ningún comercio oriental cerrará hoy por la festividad de los Santos, que ellos celebran en abril con brindis de vino. Los expertos en cultura china argumentan la falta de enterramientos chinos en la provincia recalcando que su tradición consiste en morir cerca de casa. La explicación tiene menos chicha que los bulos que pintan un chino troceado dentro del congelador esperando la elección de los comensales de un restaurante, pero hay que remitirse a las pruebas de un nicho familiar dedicado a toda una estirpe. En el último año y medio se han celebrado dos enterramientos de orientales en el camposanto granadino, todo un récord. Y no hubo los tradicionales 'estriptis' que el Gobierno chino ha prohibido frente a la tradición rural durante la sepultura, al menos que se sepa.
Salvando a los dos orientales del camposanto granadino, el resto de los 50.000 enterramientos siguen las tradiciones granadinas. Ayer, los nichos lucían repletos de flores, impecables.
El silencio del cementerio se llenó de pronto de ruido de escaleras, familias adecentando las sepulturas de sus seres queridos y el incesante ir y venir de miles de ciudadanos repletos de un sentimiento de nostalgia que, en muchos casos, sólo florece en esta época del año.
Incineración
Pero las tradiciones cambian, la economía manda, y cada vez más granadinos apuestan por la incineración frente a los nichos.
Cuatro de cada diez fallecimientos se solucionan con esta fórmula. Según recalca el responsable de Emucesa, el porcentaje de incineraciones se incrementó el año pasado un cinco por ciento respecto a 2004.
En el jardín
Y también hay tendencias. Existen tres posibilidades para mantener las cenizas en el camposanto. Los familiares pueden optar por depositar las cenizas en el jardín del mismo nombre. Se hace con unas bolsas biodegradables que desaparecen en un mes. Para los que conserven un toque tradicional, existe una zona para enterrar las urnas con los restos del fallecido incinerado y una tercera opción que mezcla los restos con otros fallecidos. Por cambio o por dinero, acabar siendo ceniza se convierte en una opción cada vez más recurrida.