La llaman la condesa de la música. Aunque de reina la calificaban muchos anoche tras contemplar su actuación en el Aula Magna de la Universidad de Jaén. La soprano neozelandesa Kiri Te kanawa ofreció el recital extraordinario del Festival de Otoño acompañada al piano por su inseparable Julian Reynolds, demostrando que, a pesar del natural desgaste del paso del tiempo que toda voz sufre, la suya, aterciopelada y transparente, sigue emocionando al respetable de la misma forma que lo hiciera en sus comienzos musicales, allá por la década de los años 70.
Como ocurre con la mayoría de las actuaciones enmarcadas dentro del Festival de Otoño, la ópera de anoche tenía colgado desde hace días el cartel de no hay entradas. Y no es de extrañar si se tienen en cuenta las contadas intervenciones públicas que Kiri Te Kanawa realiza en los últimos tiempos, de ahí que una puesta en escena como la que ayer se disfrutó en Jaén levantara tanta expectación.
Y es que la carrera de la neozelandesa, que si por algo se caracteriza es precisamente por su profesionalidad, está centrada especialmente en los teatros anglosajones y sus actuaciones fuera de esos circuitos son prácticamente inexistentes, mientras que sus cachés se caracterizan por ser los más elevados del mundo de la lírica. En España, Kiri se deja ver en contadas ocasiones, pero cuando lo hace, como anoche en Jaén, cautiva por el tremendo poder de seducción de su voz de cristal.
Diva entre las divas, la soprano, que no permite que los medios de comunicación tomen imágenes suyas mientras canta -la que aparece en esta página es de archivo por ese motivo- emocionó a una abarrotada sala que contemplaba atónita y casi sin respirar el impresionante chorro de voz que salía de su garganta. Poco importaban sus aires de grandeza o sus peculiares manías antes y durante la actuación. Lo importante es que vino a demostrar que no se ha hecho famosa en el mundo de la ópera porque sí. Y lo dejó claro, muy claro.
Su historia
Kiri Te Kanawa nació en Nueva Zelanda y desciende de una familia aristócrata maorí. A los veinte años ya había ganado los principales premios musicales disponibles en Australia y grabado algunos discos. Se trasladó a Londres y estudió en el 'London Opera Centre'. Luego fue contratada por el 'Covent Garden' y una vez que llamó la atención de Colin Davis tuvo la oportunidad de encarnar a la Condesa de Mozart.
Con este sensacional debut en 1971, Kiri Te Kanawa alcanzó un legendario estatus casi de la noche a la mañana y pronto se convirtió en una de las principales sopranos del mundo. Desde entonces ha actuado en los principales escenarios de ópera, incluyendo el Metropolitan, La Scala y los teatros de Chicago, París, Sydney, Viena, San Francisco, Munich y Colonia.
Los personajes más famosos que ha representado son: Arabella, Marschallin y la condesa en Capriccio de Richard Strauss, Fiordiligi, Donna Elvira y Pamina de Mozart, Tosca, Mimi y Manon Lescaut de Puccini, Rosalinde de Johann Strauss, Tatiana de Tchaikovsky, Micaela o Carmen de Bizet y Marguerite de Gounod. Aparte de la ópera también aborda exitosamente la canción francesa, alemana e inglesa, incursiona en la comedia musical y en la música popular.
Colaboraciones
En la sala de conciertos ha colaborado con las orquestas más importantes y directores tales como Claudio Abbado, Colin Davis, Charles Dutoit, James Levine, Zubin Mehta, Seiji Ozawa y Georg Solti. También ha participado en festivales de Glyndebourne, Tanglewood, Ravinia, Verona, Hollywood Bowl, Aix-en-Provence y Salzburgo. En 1982 recibió el título de 'Dame Commander' del Imperio Británico y fue cantante solista en la boda del Príncipe Carlos.