Probablemente Manuel Chaves no sea un derroche de expresividad y después de tantos años haya adquirido la habilidad suficiente como para caminar sereno sobre una alfombra de agujas. Tal vez por eso asistiera ayer a la inauguración del instituto Luis Bueno Crespo de Armilla. Porque no puede ser tan ingenuo, ni sus asesores tan torpes, como para colocarse en el disparadero sin darse cuenta; y cinco horas después de situar en un brete a los socialistas armilleros tener programada una visita junto al alcalde a un centro escolar a escasos metros del Parque Nevada, el mismo que el presidente andaluz había tachado por la mañana -sin pelos en la lengua- de ilegal.
Chaves vino ayer a Granada a decir lo que dijo y a dejarse ver junto a José Antonio Morales Cara para que quedase patente que entre lo que piensa el gobierno municipal y lo que opina la Junta hay dos espaldas encontradas. Cada uno mira para un lado.
Manuel Chaves llegó a las seis y media de la tarde al Instituto Luis Bueno Crespo, como en las grandes tardes, en loor de multitudes. Dicen que es el instituto más grande de Andalucía, pero ayer se hizo tan diminuto como un ascensor, donde las conversaciones se reducen al absurdo, al color de la ropa de los delegados -«¿qué bien le sienta el malva!»- o a los latigazos del ciclón 'Gordon'. Las palabras se atascaron como un polvorón en el paladar. Primero un saludo forzado -cada uno mirando para un lado-, un rictus áspero, y así todo un recorrido de media hora por unas instalaciones flamantes, que han costado 5,4 millones de euros -por decir algo del instituto-.
Políticos estaban todos los que se puedan imaginar; del PSOE, claro. Las distancias -al menos las físicas- cada vez son mayores con los compañeros de Armilla: el propio Gabriel Cañavate siguió en un segundo plano la visita oficial. Si hace unas semanas, cuando se especulaba sobre la continuidad de Morales Cara, el arrope desde la cúpula -públicamente- no tenía ambages; ayer, la cosa estaba para jugársela a los dados. Lo que suceda en el próximo mes será decisivo, en todos los sentidos: la herida puede derivar en hemorragia o puede que acabe -quién sabe- en el parto de las montañas. Los socialistas no quieren desechar la segunda posibilidad.
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Manuel Chaves seguía el insulso recorrido junto a Morales Cara. Unas veces con la delegada del Gobierno, Teresa Jiménez, otras con la delegada de Educación, Carmen García-Raya, con la consejera Cándida Martínez Evitaron protagonismo el presidente de la Diputación, Antonio Martínez Caler, el propio secretario provincial, Francisco Álvarez de la Chica Hasta que tocó subir al torreón del edificio. El presidente andaluz se quedó un momento en el centro, apenas quince tendenciosos segundos para el corrillo de periodistas y morbosos, cuando al fondo se divisaba el armazón de cemento del Parque Nevada. «Un momento coyuntural», ironizaba uno de los presentes.
Después, todos bajaron al patio, donde los vientos envidiosos del 'Gordon' obligaron a replantear los canapés. Entonces, Manuel Chaves y José Antonio Morales Cara tuvieron un momento de complicidad y se tomaron dos refrescos. En eso quedó la visita: en un saludo frío y dos fantas.
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