Martes, 5 de septiembre de 2006
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El presunto genio Aronofsky espanta a Venecia con un engendro místico
'The fountain', con Hugh Jackman y Rachel Weisz, era una de las cintas más esperadas pero ha sido un fiasco
El presunto genio Aronofsky espanta a Venecia con un engendro místico
PROTAGONISTAS. Sean Patrick Thomas y Rachel Weisz. / EFE
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DESTELLOS DEL LIDO
Películas españolas de incógnito: Las llamadas Jornadas de los Autores, una sección no oficial de la Mostra que es un escaparate selecto del cine internacional, ofrecieron ayer dos películas españolas, ambas ya estrenadas. Son 'La noche de los girasoles', de Jorge Sánchez Cabezudo, y 'Azul oscuro casi negro', de Daniel Sánchez Arévalo, que tuvieron una buena acogida.

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El aura de nuevo genio del cine que rodeaba a Darren Aronofsky, de 37 años y con dos películas muy elogiadas, 'Pi' y 'Requiem por un sueño', quedó sepultado ayer para las próximas décadas tras el espantoso bodrio que presentó a concurso en el festival de Venecia. 'The fountain' ('La fuente') es sencillamente indefendible y de vergüenza ajena, un pedante despropósito sin pies ni cabeza que encima aspira a explicar el sentido de la vida y de la muerte, entre el infantilismo, el misticismo barato y la pretenciosidad más desesperantes. Lo peor es que ha sido su proyecto más personal, y ha tardado seis años en hacerlo a base de pelearse con Hollywood. Se ha gastado un pastón, que no se ve por ningún lado, por diversos problemas de rodaje -debió hacer caso a la señal divina cuando se quemaron los decorados- y si recibe el castigo que merece lo mismo no vuelve a rodar en años. Es lo que pasa por sobrealimentar un ego, porque Aronofsky era el niño mimado de la crítica. Muchos ayer en el Lido no se podían creer lo que habían visto. 'The fountain' era la película más esperada del festival y el fiasco ha constituido uno de los trastazos más espectaculares que se recuerdan en Venecia desde hace años. Sólo es recomendable para fans acérrimos, pero mejor si van convenientemente drogados.

Yoga con bonsais

Una de las peores sensaciones, por elegir una, es la de ver a una actriz como Rachel Weisz (Oscar por 'El jardinero fiel') haciendo el primo, aunque ella sabrá donde se mete, visto que es la mujer de Aronofsky. Pero para los mitómanos de 'X Men' es casi más imperdonable cubrir de ridículo a quien es la imagen del entrañable Lobezno, el actor Hugh Jackman, rapándole al cero y obligándole a interpretar a un payaso en pijama que hace yoga dentro de una bola de cristal con la impagable compañía de un bonsai con pelo. Este personaje, el protagonista, vaga por el hiperespacio meditando, entre 'flash-backs' de una vida anterior o algo así, en la que era un científico que operaba monos, y pasajes de otro relato ambientado en el descubrimiento de América, donde es un soldado español que busca el árbol de la vida. En estas historias paralelas, Rachel Weisz es una reina de España sacada del mago de Oz que despacha en la mezquita de Córdoba y también la mujer del investigador. Dicho así, todo parece delirante, pero es que visto es aún peor, porque visualmente es horrorosa. A los cinco minutos ya surge la sospecha de que aquello se va a ir de las manos y a la media hora no cabe ninguna duda. Al final, si uno opta por desconojonarse, se logra llegar a los créditos. Y menos mal que sólo dura hora y media. Sólo queda desear que Aronofsky recupere la inspiración y sobre todo la humildad.

Taiwanesa

El día fue aciago porque también fue proyectada una película taiwanesa muy peligrosa, pues puede causar desnucamientos por las constantes cabezadas de sueño. 'Hei yanquan' ('No quiero dormir solo'), de Tsai Ming-Liang, apenas tiene diálogos y, como suele hacer este director, se limita a colocar la cámara varios minutos ante personajes que hacen cosas tan trascendentales como rascarse o lavar unos calzoncillos. Pese a la lentitud y minimalismo de sus historias, Ming-Liang, que ganó un León de Oro en 1994 con 'Viva el amor', logra a veces atrapar el interés, o más bien la curiosidad, e impone una mirada intencionada que se supone que lleva a alguna parte. En ocasiones el esfuerzo del espectador se ve compensado con momentos poéticos y hasta de humor, pero el aburrimiento acecha implacable entre arcanos simbolismos orientales.



 
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