Un policía de paisano aborta el suicidio de una menor en el PTS

Fachada exterior de uno de los 'brazos' del hospital del PTS./ JOSE MARIA GONZÁLEZ MOLERO
Fachada exterior de uno de los 'brazos' del hospital del PTS. / JOSE MARIA GONZÁLEZ MOLERO

La chica se encaramó a una escalera a gran altura y los guardas del hospital, celadores y una trabajadora social cooperaron en un dispostivo improvisado que dio resultado

Á. P.GRANADA

En el hospital del PTS se vivió este sábado a las tres de la tarde más tensión de la habitual. A esa hora, una chica de 15 años de origen europeo -acompañada por tres trabajadoras sociales del centro de menores donde reside- acudió para ser atendida de las heridas que se había provocado en la muñeca tras intentar suicidarse unas horas antes. En un momento, la adolescente se escapó y se encaramó en lo alto de una escalera auxiliar de las que discurren por la fachada del centro sanitario. A esa misma hora, quiso la fortuna que Gerardo, Policía Local de Cúllar Vega, anduviera en en las Urgencias del centro sanitario por un terrible dolor de muelas acompañado por su mujer, psicóloga.

«Al ver el revuelo de gente que se montó, salí a mirar y vi la situación de la niña, que estaba a unos dos pisos de distancia del suelo, montada en un filo muy estrecho y amenazando con tirarse. Ella no hablaba español, pero sí se comunicaba en inglés, y como yo también lo hablo algo me puse al frente de la situación junto a una de las trabajadoras sociales que la acompañaba y que actuó muy bien», narra el agente, quien tiene experiencia y formación en ese tipo de situaciones.

"Le dije al personal del hospital que se marchara a echar colchones al suelo para amortiguar el golpe si se producía. La verdad es que los celadores y los guardas de seguridad fueron muy rápidos en esa tarea"

Según cuenta Gerardo, la chica estaba nerviosa y la presencia de personal uniformado -como los guardias de seguridad del centro- la agitaba más, por lo que él dio orden de que se retirase todo el mundo salvo la trabajadora social. «Le dije al personal del hospital que se marchara a echar colchones al suelo para amortiguar el golpe si se producía. La verdad es que los celadores y los guardas de seguridad fueron muy rápidos en esa tarea. También les comuniqué que no apareciera la policía nacional, así que los agentes uniformados que había allí abajo no podían ser vistos por la chica», describe el ángel de la guarda de la menor.

"Fue un largo rato de mucha tensión y un calor tremendo, ella incluso se quedó suelta de manos sobre ese filo tan estrecho"

Gerardo también dio orden de que nada de sirenas ni luces estridentes y así se cumplió. «Durante 45 minutos la trabajadora social y yo íbamos hablando con la menor, calmándola, diciéndole que la íbamos a ayudar, que si quería regresar a su país, donde viven sus hermanos, sólo harían falta dos horas de vuelo para estar allí... Fue un largo rato de mucha tensión y un calor tremendo, ella incluso se quedó suelta de manos sobre ese filo tan estrecho...», evoca el agente, quien sólo tenía la mente puesta en ir acercándose a la chavala para en un descuido tirar de ella hacia dentro del edificio.

Finalmente, en un momento de despiste de la niña, quien tiene una dura historia familiar, Gerardo y la trabajadora social lograron meterla para adentro.

«Me contaron que tiene una historia compleja, que le quitaron la custodia a sus padres. Quiero saber cómo está y voy a llamarla este lunes. Se quedó allí con la Policía Nacional y con los médicos, que la estaban calmando. Yo le di agua antes. Hay que fomentar la cercanía en una situación así. Cuando terminó el episodio, la verdad, se me había pasado el turno de Urgencias y se me había quitado el dolor de muelas», se despide el policía.

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